Solventes que consumen la vida

Solventes que consumen la vida

Para las familias capitalinas hay una preocupación diaria por el consumo de drogas, pues con tan solo tres o cinco pesos jóvenes, niñas y niños tienen a la mano una estopa mojada con gasolina, solventes industriales o domésticos, pegamentos, que provocan un daño irreversible a su cerebro.

Estoy convencida que lo peor que le puede pasar a una persona, es perder su voluntad, la capacidad de decir, de tomar el control de su vida y eso sucede cuando se pierde el control con las drogas.

Durante años se pensó que los inhalantes eran utilizados por personas en condición de calle; sin embargo, cada día es más común que adolescentes que estudian, ya sea afuera de las escuelas, en fiestas, reuniones, encuentros callejeros les ofrezcan monas de colores y sabores por unos cuantos pesos, sin saber la forma en que les afectará su desarrollo emocional y mental.

En el Distrito Federal se ha comentado en foros, espacios públicos, el ámbito legislativo la necesidad de legislar en la materia; se trata de un asunto que no es fácil, porque no se trata solo de prohibir la venta de thiner, hay un sinúmero de productos industriales y domésticos que se están utilizando, incluso el gas de los encendedores.

Pero ello no es un impedimento para enfrentar un problema que es una realidad y requiere acciones concertadas entre las autoridades, la academia, los comerciantes, pero sobre todo la familia.

Si no reforzamos los valores de respeto, apoyo, fraternidad, solidaridad, pertenencia, además de los lazos afectivos, al interior de las familias, será muy difícil superar este fenómeno y detener su crecimiento.

No podemos cerrar los ojos o cambiar la mirada cuando vemos que jóvenes con su uniforme de secundaria están moneándose, o aquellos como abordan el transporte público con su estopa en la mano; no se resuelve nada con cambiarse de acera o criticar las fiestas de perreo en las que se pierde la dimensión del respeto.

El perreo viene al tema, porque mucho se ha cuestionado sobre las condiciones de los jóvenes reguetoneros involucrados en enfrentamientos y actos de violencia en la ciudad, la forma en que se les señala con toda una carga de discriminación.

Como todo fenómeno social tiene diversas ópticas para su análisis por un lado está la marginación en que se ha dejado a este sector de la población, con pocas o nulas opciones para aspirar a un cambio de vida. Por otro están los excesos en los que incurren ante el alto consumo de alcohol y solventes.

Hace unos días en la prensa se registraron declaraciones de Carmen Fernández de los Centros de Integración Juvenil, quien explicaba que estos bailes se realizan mientras las y los jóvenes usan inhalantes que les provocan mareos, hiperactividad, nauseas, vómito, mala coordinación motriz, alteran su percepción. Pero también se deteriora su capacidad cognoscitiva, disminuyen su capacidad sensorial y dañan el sistema nervioso e inmunológico.

No estamos frente a un problema menor, no podemos condenar a las y los niños, jóvenes adultos a perder el control de su vida. Es urgente abrir al abanico de oportunidad para millones de mexicanos en todo el país, no se trata de un problema focalizado en la ciudad, rebasa los límites territoriales y va de la mano con la falta de expectativas.

Educación y trabajo es la puerta que tiene que abrirse, fortalecer los valores en la familia y en comunidad. Tenemos juntos que enfrentar un problema que es real, está ahí y lamentablemente esta creciendo.

Columna en El Universal

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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