¿Por qué es importante la Batalla de Silao?

¿Por qué es importante la Batalla de Silao?

Silao conmemora 155 años de la batalla entre los ejércitos liberales y conservadores registrada el 10 de agosto de 1860, misma que marcó el cauce institucional de la patria al dar fin a la Guerra de Reforma con el triunfo del ejército liberal, lo que le dio al municipio el nombre de Silao de la Victoria.

Esta victoria, es por muchos desconocida y no se le ha dado el valor que la misma representa al quedar en esa fecha en Silao sembradas las banderas de los cuerpos de los héroes de este cruento combate, quienes entre el humo de la pólvora y el trueno de los cañones establecieron la paz en nuestro México.

LA BATALLA

De acuerdo con información del historiador David Arzola Hinojosa, el 10 de agosto de 1860 en esta ciudad de Silao, se libró una de las más cruentas batallas de la Guerra de los Tres Años, o Guerra de Reforma que convulsionó a nuestro país.

“Este hecho catapultó a nuestro pueblo, colocándolo en el plano nacional alimentando nuestro acervo, avivando nuestras raíces y fortaleciendo nuestra identidad.” comentó.

Gral. Ignacio Zaragoza

Gral. Ignacio Zaragoza

Y es que según lo escrito en la historia, ese día en los terrenos de la Hacienda de la Noria, donde actualmente se encuentra el Fraccionamiento Crucero, la colonia Los Ángeles, las colonias Vía I y Vía II y el Fraccionamiento Rinconada de las Flores de esta ciudad, se encontraba apostado con 5 mil hombres, el ejército conservador al mando del General Miguel Miramón y Tomás Mejía.

Este ejército tenía frente a un ejército conformado por 8 mil hombres al mando del general Jesús González Ortega, Ignacio Zaragoza y Manuel Doblado, representando al Ejército Liberal.

Como era época de lluvias, hasta las 3 de la mañana de ese día había una pertinaz llovizna, la cual hizo difícil la movilización del grueso de la artillería al general Miguel Miramón quién inició el combate a las 5:55 de la mañana.
Miramón abrió fuego con sus cañones a quienes llamaba Los Doce Apóstoles, recibiendo inmediata contestación por parte de González Ortega con veintiún cañonazos haciendo reflexionar a Miramón quien retrocedió en su ataque.

Miramón ordenó a la caballería de la derecha que estuviera lista para atacar, puesto que había visto movimientos en el centro del campo enemigo y trató de flanquearlos y, en el momento del ataque, una de sus secciones de artillería que protegía la columna, se desbandó por completo sin poderlos detener.

A 700 metros de distancia del enemigo, González Ortega e Ignacio Zaragoza dirigieron personalmente el ataque.
“Ambos ejércitos se internaron por las calles de nuestro pueblo, donde se llevó a cabo gran parte de la batalla, por las diferentes calles del mismo como la calzada Hidalgo, Pino Suárez, Aurora, San Antonio (hoy Carrillo Puerto), La Palma, Industria, Raúl Bailleres, Calle Real salida a León, Calle Real salida a Guanajuato, Calle del Sol, la Luna (hoy Aldama) y Lucero”, abundó.

Jesús González Ortega

Jesús González Ortega

El historiador narra que en esta batalla ambos mandos mostraron un gran valor durante las casi tres horas que duró el combate, saliendo el general Miramón con su Estado Mayor, por el Camino Real a Guanajuato a la altura de San Nicolás de Cerritos y llegando a Aguas Buenas, abandonó su caballo “El Dorado” y aventó su sombrero por lo que no fue reconocido por los soldados que lo acorralaron y a quienes en un acto de audacia inaudita los burló huyendo a León, pasando por Lagos, hasta llegar a Guadalajara, donde se reabasteció de tropas, donde finalmente diezmado su ejército, fue totalmente derrotado cuatro meses después en San Miguel Calpulalpan el 22 de diciembre de 1860.

MÁS DE 600 CAÑONAZOS

Fue en esta batalla donde se dispararon más de 600 cañonazos, cayendo prisioneros cuatro generales, seis coroneles, tres tenientes – coroneles – comandantes – mayores a capitanes, 26 terratenientes, ocho subtenientes y cientos de soldados, quedando innumerables muertos en campaña y las gran mayoría de pertrechos militares abandonados en La Hacienda de Bustamente.

“Al final de esta batalla debemos de destacar la gran caballerosidad y gesto de nobleza del general Jesús González Ortega al decirle a los prisioneros que si dejaban de pelear, les perdonaba la vida, pero la respuesta de los prisioneros conmovió a nuestro adalid al responderle que no claudicarían en sus principios y que cumpliera su deber como soldado”, señaló.

Esta respuesta cimbró a nuestro héroe, -agregó el narrador- ofreciéndoles ayuda económica, demostrando con ello, que aun en lo más crudo de la guerra conservó su espíritu humanitario de reconocimiento al valor contrario.

De este hecho hay documentos importantes que consolidan su valor histórico como el parte de guerra del general González Ortega al general Santos Degollado y la proclama a su ejército después de la batalla.

SOLDADOS DEL PUEBLO

En otro documento, el general J. Jesús González Ortega reconoció el valor de sus soldados, a quienes calificaba como sus “soldados del pueblo”, esto a través de su programa después de la batalla del 10 de agosto de 1860 que cita:
Soldados del Pueblo:

Hoy habéis peleado heroicamente en el punto que eligió el enemigo. Ante vuestro irresistible arrojo, cayó el coloso que había levantado la fortuna y que con su constancia y su valor, sostenía el pendón reaccionario, que muy pronto, acabaréis de hacer trizas.

Mis buenos y valientes amigos:

Todavía os reserva la gloria otra corona más inmarcesible que la que se conquista entre el humo de la pólvora y el trueno de los cañones, La adquiriréis estableciendo la paz en nuestra patria, como os habéis establecido en ella los principios de progreso y libertad.

Soldados:

Que vuestras armas sólo sean para dar días de gloria a la patria y para afianzar en ella los derechos sacrosantos del hombre.

Por ahora valientes, en nombre de la patria y de una manera respetuosa, OS SALUDO.

Silao Agosto 10 de 1860
Jesús González Ortega

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El equipo de Alejandra Barrales

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