Educa a tus hijos sin violencia

Educa a tus hijos sin violencia

Lo más difícil de ser padres es educar a los hijos. Forjarles una personalidad que los ayude a enfrentar cualquier obstáculo a lo largo de su vida conlleva un proceso de muchos años. Ofrecerles una educación de calidad también es un trabajo de largo tiempo.

La crianza de nuestros padres o nuestros abuelos estaba enfocada a la ya célebre frase de “la letra con sangre entra” o “te pego porque te quiero”; y tal vez por décadas resultó la única forma que ellos conocían, al final así fueron criados.

En la actualidad los padres saben que darle un golpe o gritarles a los hijos sólo conlleva miedo y rencor y eso no es educar.

Pese a que los psicólogos repitan una y otra vez que a la violencia no se justifica, y menos aún cuando es dirigida a un ser indefenso y que está en inferioridad de condiciones tanto físicas como intelectuales, que pegar a los hijos es muchas veces un desahogo o el camino más corto para los padres que no saben o no pueden educar, muchos padres siguen insistiendo en ello.

Pero ¿cómo poder educarlos sin violencia? Especialistas sugieren lo siguiente:

Un ejemplo vale más que mil sermones. Los niños son sumamente observadores y desde muy corta edad  tienden a imitar todas nuestras conductas, ya sean buenas y malas. Como padres debemos tomar en cuenta esto, ya que podemos aprovechar las costumbres cotidianas como dar los buenos días, comportarnos en la mesa, saludar, etcétera.

De nada sirve sermonearle siempre con la misma historia si sus padres no hacen lo que le piden. Recuerde que la educación se adquiere en casa.

Comunicación, diálogo, comprensión. Las palabras, los gestos, las miradas y las expresiones que utilizamos nos sirven para conocernos mejor y expresar todo aquello que sentimos. Fomentar una comunicación abierta con los hijos ayudará a conocer qué es lo que ellos piensan o sienten en ciertas situaciones.

¿Has probado a hacerle una pregunta que empiece con “Qué piensas tú sobre…”? Así le demostramos que nos interesa su opinión y él se sentirá querido y escuchado.

Límites y disciplina, sin amenazas. Hay que enseñarle a separar los sentimientos de la acción. Las normas deben ser claras y coherentes e ir acompañadas de explicaciones lógicas.

Tienen que saber lo que ocurre si no hace lo que le pedimos. Por ejemplo, debemos dejarle claro que después de jugar tiene que recoger sus juguetes.

Es importante que el niño -y también nosotros- comprenda que sus sentimientos no son el problema, pero sí las malas conductas. Y ante ellas siempre hay que fijar límites, porque hay zonas negociables y otras que no lo son. Si se niega a ir al colegio, tenemos que reconocerle lo molesto que es a veces madrugar y decirle que nosotros también lo hacemos.

Dejarle experimentar aunque se equivoque. La mejor manera para que los niños exploren el mundo es permitirles que ellos mismos experimenten las cosas. Y si se equivocan, nosotros tenemos que estar ahí para cuidar de ellos física y emocionalmente, pero con límites.

La sobreprotección a veces nos protege a los padres de ciertos miedos, pero no a nuestro hijo. Si cada vez que se cae o se da un golpe, por pequeño que sea, corremos alarmados a auxiliarle, estaremos animándole a la queja y acostumbrándole al consuelo continuo. Tenemos que dejarles correr riesgos.

No hay que pretender ser sus amigos. Aunque siempre conviene fomentar un clima de cercanía y confianza, eso no significa que debamos ser sus mejores amigos.

Mientras que entre los niños el trato es de igual a igual, nosotros, como padres y educadores, estamos situados en un escalón superior. Desde allí les ofrecemos nuestros cuidados, experiencia, protección… pero también nuestras normas.

Buscar su aprobación continua para todo puede ser un arma de doble filo, ya que la amistad también es admiración y confianza y le resultará muy difícil confiar en nosotros si no sabemos imponernos.

Un buen padre no es aquel que cede de modo continuo y no enseña.

 

Acerca de 

Licenciada en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona, especializada en Maestría en Medios, Comunicación y Cultura.

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