¿Niño inquieto o con TDAH?

¿Niño inquieto o con TDAH?

En los últimos años se ha popularizado el uso de un término médico como si fuera algo para tomarse a la ligera, cuando en realidad no lo es. El famoso Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA /TDAH)  ha cobrado relevancia sobre todo al referirnos a niños que son sumamente inquietos.

¿Pero todos los niños que parece que nunca se pueden estar quietos tienen TDAH? Lo primero que hay que aclarar es que no se trata de una enfermedad, sino una condición, por tanto no es curable.

El TDAH no se diagnostica simplemente porque un niño es inquieto o porque suele ser despistado. Requiere toda una evaluación para llegar a un diagnóstico profesional, el cual busca ayudar a los menores a tener una mejor calidad de vida.

Un niño que tiene TDA o TDAH tiene una persistente falta de atención, hiperactividad e impulsividad  (más allá de cualquier normalidad), y no se tienen que dar los tres tipos de síntomas, ni registrarse la misma intensidad.

De hecho para que un especialista como lo son los paidopsiquiatras (psiquiatras para niños) tienen al menos dos sistemas de clasificación para diagnosticarlo, uno está avalado por la Asociación de Psiquiatría Americana (APA, por sus siglas en inglés) y el otro es por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Con estas clasificaciones, lo que se pretende es establecer las condiciones y síntomas que se deben dar en los pacientes para poder realizar un diagnóstico.

Por sencillo que parezca decir que un niño es TDAH, no lo es, pues actualmente cargan con un estigma social, además que varias de sus áreas se ven afectadas como: el rendimiento académico, las relaciones sociales y familiares, la autonomía o la autoestima, entre otros.

Es frecuente que se genere un mayor nivel de estrés en el ambiente familiar entre padres e hijos e incluso entre hermanos. Comprender mejor cómo afecta el TDAH y aprender a gestionar su impacto en el hogar, ayudarán a crear un ambiente de convivencia más sano, agradable y beneficioso para todos.

Lo cierto es que los chicos con TDAH requieren un mayor apoyo académico y familiar. Muchos consiguen llevar una vida totalmente normal. No obstante, en la mayoría de los casos se trata de un problema crónico cuyos síntomas pueden atenuarse gracias al tratamiento, pero también al desarrollo (madurez) del menor.

¿Cuál es la causa del TDAH?

La causa del TDAH se sigue investigando, pero lo que se ha determinado es que es un trastorno neurobiológico heterogéneo y complejo, que no puede explicarse por una única causa, sino por una serie de condiciones genéticas junto con otros factores ambientales; es decir, es multifactorial.

Se han llevado a cabo estudios en familias, gemelos y niños adoptados, que han revelado que la genética juega un papel muy importante en la transmisión del TDAH entre generaciones. Se estima que en el 76% de los casos de TDAH la causa está ligada a factores genéticos.

Según los estudios, los familiares de las personas con TDAH tienen cinco veces más probabilidades de presentar el trastorno, que las personas sin antecedentes familiares3.

Además se han estudiado causas ambientales, graves problemas en el periparto (antes, durante o después del parto) o una situación estresante muy grave, como posibles causas de TDAH.

Otros: consumo de heroína y cocaína durante el embarazo, exposición intrauterina al plomo y el zinc6, traumatismos craneoencefálicos en la primera infancia, infecciones del sistema nervioso central o la adversidad psicosocial.

Signos para detectarlo

Los signos que deben alertar a los padres para optar por una consulta médica incluyen:

  • Mal comportamiento (ya que su impulsividad les lleva a tener enfados desproporcionados)
  • Bajo rendimiento escolar
  • Despistes continuos en tareas cotidianas
  • Falta de concentración para las tareas académicas (que les llevan mucho más tiempo de lo objetivamente necesario),
  • Incapacidad para estar quieto por ejemplo, en su sitio en clase o comedor
  • Realizar actividades peligrosas por no pararse a pensar en las consecuencias de sus actos
  • Déficit de habilidades sociales (falta de empatía, asertividad, dificultad de comunicación verbal)
  • Poca integración en el grupo o pocos amigos (es posible que sean aislados de los grupos, y que no tengan muchas amistades, lo que daña estado de ánimo y su autoestima).

Una vez confirmado el diagnóstico, generalmente se lleva a cabo una revisión a las 6-8 semanas para valorar la evolución del paciente con el tratamiento: medicación y terapia psicológica. Es importante el apoyo de padres y profesores.

Los especialistas destacan que cuando los síntomas están controlados los menores pueden llevar una vida completamente normal.

 

Acerca de 

Licenciada en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona, especializada en Maestría en Medios, Comunicación y Cultura.

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