Derechos inconclusos de las mujeres

Derechos inconclusos de las mujeres

La cercanía del Día Internacional de la Mujer sirve para hacer la reflexión de lo que se ha logrado a base del empuje de las mujeres a nivel local y mundial en materia de derechos, de igualdad y de libertad; sin embargo frente a los avances reconocemos que hay camino largo por recorrer, por eso queremos reconocer el trabajo de las mujeres antes y después del 8 de marzo.

Hacer este recorrido desde mi experiencia personal, por el empeño de las mujeres que he conocido en este tramo y reconocer a todas aquellas que desde diferentes ámbitos de la política, la academia, las artes, el sindicalismo, el activismo, las colonias y las casas se esfuerzan por mejorar la calidad de vida de todas y de todos.

Tengo 20 años de participar desde diferentes espacios a favor de la lucha de las y los trabajadores, de las mujeres; de estar cerca de aquellas que tratan de sacar adelante a sus familias, que se mueven, participan, demandan; porque una mujer no se conforma cuando los hijos se enferman, cuando les dicen que no hay lugar en la escuela, que no hay comida en la mesa, que no llega el agua para satisfacer sus necesidades; pero también con las que demandan espacios de representación, igualdad de oportunidades.

Y a pesar de los logros alcanzados por mujeres que han empujado con tesón y lograron mover estructuras culturales, su actuar no logró permear en toda la población y se mantienen barreras; regresando a muchas mujeres al punto inicial para dar la batalla individual y defender sus derechos, su libertad y sus oportunidades.

Hace 20 años de la mano de las y los trabajadores sobrecargos dimos la batalla para mejorar las condiciones de trabajo de este gremio, en el caso particular de las mujeres pelear por el derecho a embarazarse, a casarse, a no cosificarnos en la relación laboral para que el físico no fuera la norma que determinara la posibilidad de empleo.

Actualmente pueden parecer anacrónicas algunas demandas, pero esas eran las condiciones laborales a las que teníamos que sujetarnos las trabajadoras de la industria aeronáutica y se rompieron. Además de la responsabilidad de ser mujer y encabezar una planilla opositora que por primera vez rompía con las viejas prácticas del sindicalismo en el sector.

Con el compromiso de las y los trabajadores se lograron cambios en las condiciones laborales.

La responsabilidad como secretaria de Desarrollo Social en Michoacán me permitió dimensionar en el estricto sentido la frase de que la pobreza tiene rostro de mujer. Son las mujeres indígenas y campesinas las que sufren más los estragos de la pobreza, las que viven la mayor marginación económica y social.

El rezago y la discriminación en todo el país de estas mujeres las unifica y no se han implementado las medidas suficientes para combatir este rezago en el que se encuentran ellas en todo el territorio nacional. Porque hablar de las mujeres indígenas y campesinas de Michoacán, hace más de una década, es referirnos actualmente a las necesidades de las mujeres que viven en el campo o son de comunidades indígenas de Chihuahua, Chiapas, Oaxaca, Guerrero y el resto del país.

Hay reclamos sociales que no han sido atendidos para este sector de la población, con rezagos ancestrales, porque de ese tamaño se necesitan los cambios.

En el terreno político la presencia de mujeres ha servido para incluir otra agenda, para abrir espacios a la equidad, pero sin lograr satisfacer la representación requerida. Por eso suenan tan recurrentes algunos reclamos, porque tienen tras de sí décadas y décadas de exigencia, porque la inequidad prevalece.

Ello me obliga a reconocer el digno esfuerzo y trabajo a favor de las mujeres desde la izquierda como Martha Tagle, Amalia García y muchas más que han trabajado por los derechos de género, que han demostrado su calidad política y humana, el compromiso social y de responsabilidad para lograr los cambios a favor de todas y de todos.

En el terreno político-electoral el caso de las llamadas “juanitas”, diputadas electas que son obligadas a ceder el lugar a un varón, ha sido tan burdo por la forma en que se quiere evadir el cumplimiento de la cuota de género, que ha ido a parar a los máximos tribunales de este país. Ya se logró determinar las cuotas de representación, pero el triunfo no es un reconocimiento de derechos, sino logros que se arrebatan jurídicamente.

En el Distrito Federal la visión de género ha logrado permear en las políticas públicas y está reconocido el efecto transversal que tienen en beneficio de la familia y la comunidad las acciones que tienen como objetivo favorecer a las mujeres.

Podemos decir que somos la vanguardia en la materia a nivel nacional, que estamos muy orgullosas de los avances en materia de derechos y libertades, que no se trata de una concesión, sino el reflejo de una lucha, pero todavía hay mucho que avanzar en nuestra ciudad y en nuestro país.

Columna en El Universal

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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