Distrito Federal y la reforma esperada

Distrito Federal y la reforma esperada

Esta semana se instalará la Comisión del Distrito Federal en el Senado; esta puede ser la oportunidad real de que se asuma con toda responsabilidad el debate para la Reforma Política de nuestra ciudad y aterrizar de una vez por todas, ese debate que se ha pospuesto por décadas.

Es importante que la Comisión del Distrito Federal supere el encono político que ha impedido avanzar en la materia, que se dejen atrás los radicalismos que nos han paralizado, para darle a la ciudad de México el estatus legal que corresponda con la realidad política y económica que tenemos.

Nuestra ciudad requiere desde hace muchos años una revisión de su relación con la Federación, de la distribución de gastos, la posibilidad de obtener partidas presupuestales a las que si tienen acceso otras entidades, el ejercicio pleno de derechos políticos de los habitantes del Distrito Federal como los gozan ciudadanos que viven en los estados de la República.

Verdaderamente ya estamos en un punto donde todas las fuerzas políticas estamos de acuerdo en que es necesario hacer cambios sobre el estatus legal del Distrito Federal, pero los matices de las propuestas y la falta de voluntad política han sido una mala combinación para poder avanzar.

Cuando vemos las coincidencias, pensamos que no es un tema complicado, que se puede transitar sin problema, pero algunos actores políticos vieron con mucho recelo la posibilidad de avanzar en la Reforma Política del Distrito Federal porque consideran que sólo beneficia al Partido de la Revolución Democrática.

Sin embargo les hemos señalado que desde 1997 a la fecha, la izquierda ha contado con el respaldo a su proyecto de los ciudadanos, a pesar de no tener el nuevo marco legal que tanto buscamos. Así que con o sin reforma se han electo a cuatro jefes de gobierno, el primero fue Cuauhtémoc Cárdenas en 1997, después Andrés Manuel en 2000, Marcelo Ebrard en el proceso electoral de 2006 y recientemente Miguel Ángel Mancera que pronto encabezará el gobierno de la ciudad.

Con o sin reforma la población más educada del país ha optado por un proyecto político que es referencia a nivel nacional e internacional; que ha podido marcar la diferencia en la forma en que se ejercía el poder político en la capital del país, pero también que sirve de contraste a las políticas impulsadas desde el gobierno federal.

Personalmente he señalado que el mejor concepto para el Distrito Federal es denominarlo Ciudad Capital, con esta idea asumimos que es el territorio donde se asientan los poderes federales, que es la capital del país y por ello requiere de un apoyo de la federación.

Los estudios del tema le llaman el costo de la capitalidad, al gasto que eroga la ciudad para cumplir con las responsabilidades derivadas de su situación jurídica, como es la seguridad de las embajadas, el costo de ejercicio de los edificios federales, la atención y reparación del patrimonio y monumentos históricos, todas estas son erogaciones que se debieran atender con el gasto federal.

La capital debe ser vista como el punto de ingreso a nuestro país, para determinar el grado de desarrollo de la nación, detonador de la economía nacional como ocurre en otras latitudes.

Nuestra ciudad se fundó en 1824; en 1928 se creó la figura del Departamento del Distrito Federal, que era la unidad administrativa del gobierno del Distrito Federal; en 1996 se reformó la ley para que los ciudadanos eligiera a su jefe de gobierno. Ya es momento que demos el salto cualitativo y desde el Senado de la República se tiene esa oportunidad.

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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