El debate del debate

El debate del debate

Nadie desconoce ni pone en duda que en un régimen democrático las mayorías toman las decisiones, pero al menos debe darse en un marco de legalidad y precisamente eso es lo que no se ha dado en el análisis de la llamada reforma energética.

Pero cuando es procedente iniciar un debate hay diferentes formas para hacerlo. Puede ser abierto, respetando las formas parlamentarias y siendo sensible a las necesidades y reclamos de la sociedad. O bien, de espalda a la nación, apresurando decisiones, acortando tiempos y alterando todos los procedimientos legislativos para cumplir compromisos o satisfacer intereses de grupo.

También hay debates dignificantes porque privilegian la razón. En los que se argumenta y contra argumenta, dejando las cuestiones de mayorías y minorías en un segundo plano.

Los que explican las bondades de una propuesta e intentan convencer a la ciudadanía sobre su viabilidad.

Hay, sin embargo, debates que demeritan porque se basan en la imposición. Donde la procedencia de una propuesta se confía a una mayoría mecánica e irreflexiva, que niega interlocución a la minoría legislativa y, sobre todo, se aprueban decisiones en detrimento de la colectividad.

En torno a la reforma energética ha sucedido esto último. Para el binomio PRI-PAN en el Senado, no es suficiente tener una mayoría para consumar el atropello que representa permitir la privatización del sector energético, sino que además pretenden hacerlo al margen de la normativa interna del Congreso y sin dar la cara a la sociedad.

Las mesas directivas de las comisiones dictaminadoras se inventaron un acuerdo para que la aprobación de esta reforma estructural pasara de noche, sin que hubiera una verdadera discusión sobre su contenido.

Se confunden quienes acusan a la izquierda, particularmente al PRD, de intentar retrasar y entorpecer el procedimiento, porque demandar la legalidad no es práctica dilatoria.

Seguir un mecanismo ordenado y secuencial de discusión es una regla consustancial a los procesos legislativos.

En un órgano de integración democrática como el Senado, el consenso sirve más que la imposición, y éste se basa en tolerancia, pluralidad y disposición, como sucedió con otros cambios estructurales aprobados antes.

Sabemos que la posición minoritaria del PRD imposibilita ganar el debate y definir la línea que debe seguir la legislación secundaria en la regulación del sector energético. Si tuviéramos esas condiciones no se hubiera modificado la Constitución. Pero hoy que hay una iniciativa estamos convencidos de que al menos debe explicarse a la sociedad en qué consiste cada punto de esta reforma.

Por ende, además de defender los intereses de la nación con argumentos sólidos y claros en ambas Cámaras, insistiremos en la consulta popular en materia energética.

Una decisión que marcará el futuro del país y sentará las condiciones económicas para el desarrollo de las nuevas generaciones no puede tomarse a la ligera y aprobarse de espalda a la ciudadanía.

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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