El papel de las mujeres en política

El papel de las mujeres en política

“El grado de avance de un país, se mide por la condición de sus mujeres”

Norberto Bobbio

En la década de los 90, como dirigente de las sobrecargos, encabecé una lucha que era personal, el de las mujeres a quienes en su contrato de trabajo las comprometían a no embarazarse hasta cinco años después de haber sido empleadas, a no casarse, a no usar pantalones, a mantener por 10 años la misma talla, entre otras exigencias que a la fecha parecerían absurdas.

Hoy, 20 años después de ese pequeño avance en materia de género, otras aerolíneas siguen demandando las mismas condiciones.

Sé que no es el mejor ejemplo, por el contrario, esto sólo evidencia la realidad: que la condición de desigualdad, rezago y desventaja de las mujeres en el país, en cualquier sector al que se apunte, es un tema vigente, que no ha sido superado.

Pero hablemos de minorías y mayorías.

¿Somos las mujeres un sector minoritario del país?

Hace 20 años, las mexicanas ya éramos más del 50% del total de la población, con (41,355,676) CUARENTA Y UN MILLONES, TRESCIENTOS CINCUENTA Y CINCO MIL, SEISCIENTOS SETENTA Y SEIS mujeres, de las cuales sólo el 13% se encontraba desempeñando algún tipo de actividad económica.

Hoy, con más de 60 millones de mujeres en nuestro país, el porcentaje se ha duplicado pero la cifra es baja. Sólo apenas el 30% de las mexicanas desempeña alguna actividad económica.

Tristemente y contrario a un mejor panorama, con el paso de los años seguimos sin poder remontar las condiciones de desigualdad y violencia de género.

En el 2003 por ejemplo, la primera encuesta sobre la dinámica en los hogares, elaborada por el INEGI, reportaba que cerca del 30% de las mujeres casadas o unidas había sufrido algún episodio de violencia emocional. Para el 2011, este mismo estudio revela que al menos el 89% de las mujeres encuestadas manifestó haber sufrido algún episodio de este tipo.

Sin bien es cierto que estos datos son desalentadores, no podemos dejar de reconocer que se han registrado importantes avances, que son la base para seguir generando políticas públicas en favor de las mujeres.

Hoy, es un hecho que contamos con una mayor protección institucional, que contamos con mecanismos legales que hace 20 años no existían, como la Ley General de Acceso de la Mujeres a una Vida Libre de Violencia, así como existen instituciones especializadas encargadas de dar atención integral a las mujeres.

De alguna u otra forma, todas las mujeres hemos contribuido a la generación de conciencia y desde cada uno de nuestros propios espacios hemos trabajado para superar las carencias y en algunos casos la marginación.

En mi caso, como mujer, de izquierda y desde el Poder Legislativo, he podido trabajar para:

• Asegurar que quienes golpean a las mujeres reciban el castigo que corresponde.
• Que los padres que incumplan con el pago de la pensión alimenticia de sus hijos reciban una sanción.
• Que las mujeres tengan acceso gratuito a mastografías.
• Que sus salarios sean iguales a los de sus compañeros, que no les pidan pruebas de embarazo como condición para darles un trabajo, que no las corran si están embarazadas.

Sin embargo, aún subsiste un gran rezago en materia de genero a nivel nacional, en donde la desigualdad entre mujeres y hombres se extiende a todos los ámbitos: el económico, el social, el educativo, el político, el cultural.

Basta decir que 7 de cada 10 de las mujeres mayores de 15 años no recibe ingresos propios por la actividad que desempeña. Según datos de la CEPAL, en nuestro país, las mujeres dedican 48 horas a la semana para realizar trabajos no remunerados, mientras los hombres sólo dedican 15 horas.

Esta denominada “doble jornada”, implica para nosotras las mujeres que cuando salimos de trabajar y regresamos a la casa, seguimos trabajando sin recibir algún sueldo u otro reconocimiento por las labores domésticas. Así que, aunque hoy trabajamos más que antes, no necesariamente somos partícipes de la generación de riqueza.

¿Por qué?

Uno de los motivos que hace que esta tendencia se repita es el rol que las mujeres hemos jugado dentro del seno familiar. Cuidar a la familia, a los hijos, a los enfermos o hacer las tareas del hogar, son actividades fundamentales dentro de la sociedad, pero invisibles al mercado. Invisibles a la economía.

A este esquema se suman otras asimetrías entre hombres y mujeres, como lo es el acceso a la educación.

La tasa de alfabetización entre las capitalinas de más de 15 años es de 96 por ciento, dos puntos abajo a la de los hombres, lo que significa hasta un grado escolar menor que los hombres.

Si bien en los niveles de educación básica el volumen de matriculación es similar para ambos sexos, conforme se avanza hacia niveles medio, medio superior y superior, son cada vez menos mujeres las que gozan de acceso un mayor grado educativo.

En el ámbito laboral, la realidad no es diferente para nosotras.

Hace un momento les contaba que cuando ingresé a trabajar se me exigía no embarazarme durante los próximos 5 años al menos. Pues hoy, en el 2014, en la capital de la República, hasta en un 40 por ciento de los casos se nos niega el derecho a trabajar por estar embarazadas, convirtiéndose en la principal causa de discriminación laboral en el Distrito Federal de acuerdo con el Consejo para

Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México.
Esto, es inaceptable.

Analizando en cómo el papel de las mujeres ha evolucionado en la política y la importancia que tenemos en la actualidad, recordé una reflexión que hizo la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que sin ser simplista, nos da cuenta de un origen y la trascendencia de nuestra participación:
“Si una mujer entra a la política, cambia la mujer, si muchas mujeres entran a la política, cambia la política”.

Estoy convencida que en la medida que estemos más mujeres en los espacios de decisión es como tendremos posibilidad de mejorar las condiciones, no sólo de las mujeres, sino de toda la sociedad.

¿Cómo podemos impulsar una mayor participación femenina en la vida política del país?

En mi experiencia política, considero que son tres acciones en las que hay centrar nuestros esfuerzos:

1) Seguir impulsando “Acciones afirmativas” que obliguen a garantizar la presencia y participación de las mujeres en la toma de decisiones.
2) En paralelo ejecutar acciones que guíen hacia el empoderamiento, como la preparación constante y capacitación de las mujeres. La intención de esto es la concientización del porqué es necesaria la presencia y participación femenina en espacios públicos y de toma de decisiones.
Ahora que, derivado de la reforma política que aprobamos en el Congreso, en las próximas elecciones debemos garantizar la paridad de género, sin embargo, no tenemos que pensar en cubrir únicamente esta cuota, debemos preparar a nuestras mujeres para que cuenten con las mejores condiciones para ocupar estos cargos tan importantes que se elegirán el próximo año.
3) Convertir en política pública nuestra visión de gobierno.
Algunas experiencias internacionales nos demuestran como es que desde el poder, las mujeres no sólo cambiamos la política, sino también nuestra realidad.
Podemos citar ejemplos como:

• La brasileña Dilma Rouseff

• Durante su mandato, los tres cargos más importantes del Ejecutivo los encabezan mujeres.

• Y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, reconoció a su gobierno y anunció que Brasil salía del mapa mundial del hambre.

• La argentina Cristina Fernández

• Según un informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la situación de la pobreza se redujo de 21 por ciento en 2006 a 11,3 por ciento en 2009 (la segunda más baja de América Latina, detrás de Uruguay), en tanto que la cantidad de indigentes bajó en ese lapso de 7,2 a 3,8 por ciento.

• Sancionó el Decreto 1602/09 estableciendo la Asignación Universal por Hijo para todos los menores de 18 años cuyos padres se encontrasen desocupados o trabajando en la economía informal. A partir de mayo de 2011, el beneficio se amplió a las madres embarazadas a partir del tercer mes de gestación.

• En lo que respecta a ampliación de derechos, la Presidenta promulgó en julio de 2010 la Ley de Matrimonio Igualitario, que equipara los derechos de las parejas del mismo sexo con las heterosexuales.

• La costarricense Laura Chinchilla

• Impulso y aprobó la Ley de Violencia contra la Mujer.

• Durante su gestión, el número de feminicidios pasó de 40 en el año 2011 a 18 en el año 2012.

• Abogó por establecer en el país mejores mecanismos que garanticen a las mujeres un acceso igualitario al salario, contratación y en la promoción en las empresas.

• La chilena Michelle Bachelet

• El nombramiento de su primer gabinete paritario demostró la decisión real de abrir espacios a mujeres en altos cargos en el Ejecutivo y en otros espacios de toma de decisiones.

• Se promulgaron 8 leyes en materia de igualdad de género. Un hito importante durante su gobierno fue la presentación del Proyecto de Ley sobre Feminicidio.

• Durante su Gobierno se protegió a las mujeres trabajadoras; se ampliaron las garantías para atención médica en los servicios de salud; se aseguró políticas públicas con énfasis en las mujeres jefas de hogar.

• Duplicó el presupuesto de los centros de prevención y atención de mujeres.

Esto nos da cuenta del reto que tenemos las mujeres de generar los cambios no sólo para nuestro género, sino para la sociedad en general.

Los grandes retos siguen para nosotras las mujeres. El nivel municipal, por ejemplo, es uno de los grandes desafíos para garantizar la participación política femenina y con ella el ejercicio pleno de sus derechos. Contribuir a alcanzar este desafío constituye una tarea prioritaria que los gobiernos estatales y el federal, junto con la sociedad civil debemos asumir con corresponsabilidad.

En México y América Latina, el espacio local es representativo de los bajos porcentajes de participación femenina en cargos de gobierno y además, escenario de discriminación y violencia contra las mujeres que deciden incursionar en este ámbito. Esta situación contribuye a que no existan avances sustanciales en abatir la desigualdad en nuestro país.

En otros países de América Latina, por ejemplo, experimentan un momento histórico en su política de dirección gobierno en la que mujeres, han conseguido entrar a un mundo tradicionalmente de hombres. Este hecho inédito demuestra que estamos ante una situación de transformación política en la que las mujeres equivalen a aires nuevos, renovados y eficaces.

Algunas cifras a nivel nacional nos demuestran como hemos avanzado y el gran camino que nos falta por recorrer:

• El porcentaje de presidentas municipales a nivel nacional pasó de ser 3.5 en 2000 a 6.9 en 2013.
• En cuanto a diputadas locales en todo el país el aumento fue de 23.6% entre 2003 y 2006, mientras que en el periodo de 2012 a 2015 aumentó a 36.8%.
• En 2002, 6.8 por ciento de los síndicos eran mujeres, así como 15.9 por ciento de los regidores; para 2004, estas cifras ascendieron a 22.5 y 28 por ciento, respectivamente.

A pesar de que los porcentajes van en aumento, es claro que estamos lejos de alcanzar la paridad, especialmente en lo que refiere al poder ejecutivo municipal.
Más de la mitad de los municipios gobernados por mujeres (62%) tenían menos de 20,000 habitantes en 1995, para 2002, el porcentaje aumentó al 74% de los municipios. Las ciudades capitales son rara vez gobernadas por una mujer. Estos datos muestran otro ámbito en el que la mujer es marginada.

Por otro lado, sólo 6 mujeres han encabezado el gobierno local de una Entidad Federativa. En el mismo sentido, la incorporación de mujeres a la administración pública no ha sido constante a lo largo de las pasadas administraciones. De las 18 Secretarías de estado 15 (85%) son manejadas por hombres mientras que solo 3 (15%) están representadas por mujeres. Y no solo eso: A principios de 2013, se dieron a conocer los sueldos de los Secretarios de Estado del gabinete del Presidente Enrique Peña Nieto, y fueron las mujeres quienes reportaron menor salario que las de sus compañeros secretarios, pues éstas cobran alrededor de 124.500 pesos, mientras que los hombres perciben entre 139.300 y 205.000 pesos

En un panorama internacional, el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, hace un estudio sobre la participación de las mujeres en los gabinetes de Iberoamérica. El resultado arroja que México se encuentra en el lugar 27, con 14.3 por ciento. El primer lugar lo obtiene Nicaragua con 57.1%.
En cuanto al Poder Legislativo Federal, nuestro país se ubicó en el sexto lugar con un 37.4%, siendo Andorra quien encabezó la lista con el 50 por ciento.

Es momento de incidir en cambios radicales con perspectiva de género, equidad, derechos humanos y no discriminación, mediante herramientas que propicien condiciones de mayor justicia e igualdad de oportunidades.

Por eso somos conscientes que hablar de los derechos de las mujeres representa en sí mismo un avance, pero el simple reconocimiento en el sistema normativo no es suficiente. Debemos seguir trabajando en principios que transformen la expedición de todo aquel mecanismo que propicie la armonización y homologación de condiciones de vida más dignas para las mujeres.

Como en un principio la mujer buscaba un espacio en la política, hoy en día ese objetivo ha evolucionado, las mujeres buscamos incidir en políticas de transformación, ya no en una cuestión de presencia, es dar voz a una sociedad de mayorías.

Hoy estamos ante una oportunidad única de acceder a mayores posiciones de poder. Ya en varios hemos mencionado diversas experiencias en países latinoamericanos donde le han apostado a ser gobernados por una mujer. México no puede ser la excepción, tenemos que preparar una nueva generación de mujeres que puedan gobernar Estados y al país.

Sin duda, la posibilidad de que Hillary Clinton pueda ser la próxima Presidenta de los Estados Unidos, genera una perspectiva y una ventana de oportunidad enorme para las mujeres.

Hoy la nueva generación de mujeres en la política seremos las que podremos ofrecer más oportunidades somos las que veremos el verdadero cambio.

La nueva generación de mujeres en la política no olvidaremos que el hecho de ser mujeres nos da la oportunidad de crear políticas reales y sensibles a las necesidades de un país donde la mujer siendo mayoría ha sido tratada como minoría.

La nueva generación de mujeres en la política no pretende dejar las faldas y aparentar lo que no somos, porque lo que somos es lo que al final de cuentas nos ha hecho más fuertes y más sensibles para sacar adelante a nuestras familias y por ende al futuro de México.

Muchas gracias.

Por cierto, antes de irme quiero dejarles este dato. Sabían que hoy, en 1930 La Real Academia Española de la Lengua aprobó el uso femenino de los sustantivos que indican profesiones o cargos. Les dejo este dato para recordarles que la transformación viene desde la forma más básica de nuestra comunicación: el lenguaje.

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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