Feminismo, el propósito

Feminismo, el propósito

“No son sólo las mujeres las que tienen que ser feministas. También los hombres. Y los valores de la sociedad…”. Yo coincido absolutamente. Y aclaro, esto no fue escrito por una mujer, es la reflexión de un hombre, el escritor, poeta y periodista Manuel Rivas en su artículo publicado el domingo pasado.

Yo soy feminista primero porque provengo de una mujer que con su fortaleza y trabajo, al igual que mi padre, supo darnos casa, alimentación, vestido y educación. Soy feminista porque creo con firmeza que todos debemos tener los mismos derechos y oportunidades, porque creo que las mujeres, al igual que los hombres, tienen derecho a decidir sobre sus propias ideas, su cuerpo y sobre su vida; porque creo que debe haber una equidad salarial y todos debemos gozar las mismas oportunidades de educación, salud, empleo, vivienda y de expresión.

También creo en el feminismo porque, como bien señala la joven escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, ser feminista es “el hombre o mujer que dice: Sí, existe un problema con el género como lo vivimos actualmente, y debemos solucionarlo, debemos mejorarlo”.

Pensar que el feminismo es “obsoleto” e incluso rechazarlo y censurarlo es dejar de tener presente que las mujeres, nuestras abuelas, nuestras tías, nuestras madres y millones más en el mundo han sido excluidas por generaciones.

Así recordé la extraordinaria participación de la escritora chilena, Isabel Allende, en el marco del Congreso Internacional “La experiencia intelectual de las mujeres en el siglo XXI” que se llevó a cabo aquí, en nuestro país, en 2012, y en la que sentenció: “Yo, en lo personal estoy hasta aquí, con el consumo, con la violencia, con el poder por el poder y con el macho alfa, me aburrí con eso. Ya es hora que las mujeres participemos en iguales condiciones en la gerencia del mundo. Somos grandes administradoras y nos han dejado de lado por siglos… Yo pensé que en unos 10 o 15 años la liberación femenina se extendería por todo el mundo y ya hubiéramos cambiado… no ha pasado”.

Esta serie de reflexiones, las de muchas mujeres de diferentes edades que he tenido la oportunidad de escuchar, así como mi propia experiencia como mujer política, nos están señalando que hoy, nosotras, nos encontramos frente a una gran oportunidad histórica: la de poner la balanza de los derechos de mujeres y hombres en su lugar —justo en el centro—.

Somos mayoría en el mundo (más del 50%), estamos comunicadas —gracias a la innovación tecnológica—, tenemos la voluntad, la fuerza y la decisión para verdaderamente llevar a cabo una transformación social, política y económica pero, sobre todo, no estamos solas.

Esta oportunidad viene acompañada del apoyo de millones de jóvenes, hombres, quienes son hijos y nietos de aquellas grandes luchadoras, y quienes desde su formación inicial saben qué significa equidad, diversidad, derechos humanos, igualdad, respeto. Pero además, esos millones de jóvenes tienen la convicción de que nosotras podemos hacer una gran diferencia en la vida pública y privada.

Lamentablemente, hay millones que siguen siendo vulneradas, violentadas y, en muchos casos, son las principales afectadas de un sistema que constantemente las limita y prefiere reconocerlas sólo como “víctimas”, sin hacer nada para contrarrestarlo.

Hay que actuar. Tengo plena certeza de que la única forma de romper con este círculo que nos impide aprovechar todo el potencial que como mujeres tenemos, toda la “energía renovable, como lo es la energía femenina”, es a través de la educación.

Tenemos ejemplos como el de Suecia, en donde todos los jóvenes de 16 años recibirán este año una copia del libro Todos deberíamos ser feministas, de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. Y en Australia se ha incluido el feminismo como una materia más en la educación. ¿Por qué entonces en nuestro país debemos seguir teniendo miedo a la palabra feminismo, a una educación en donde se aprenda a comprender la igualdad de género y a vivirla?

“Educación, educación. Sí, educación”, así lo planteó Manuel Rivas. Así coincide la escritora nigeriana y así coinciden millones de mexicanas que, como yo, sabemos que no debemos perder más tiempo para que nuestros hijos conozcan los derechos y deberes que tenemos como ciudadanos.

El feminismo no es exclusivo de las mujeres, nos involucra a todos. No se trata de “cambiar a las mujeres para que calcen en el mundo sino cambiar al mundo para que calcen las mujeres”, como bien señaló Isabel Allende.

No hay mejor propósito para este 2016 que lograr desde todas nuestras trincheras que haya equidad entre niñas, niños, entre mujeres y hombres. Que en esta ciudad no haya diferencias de género que nos dividan. Empoderar a las mujeres es empoderar a nuestra ciudad, al país y eso sólo lo lograremos a través de la educación.

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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