Hay que garantizar el derecho a la felicidad

Hay que garantizar el derecho a la felicidad

Es tiempo que los políticos de este país rompan con la lógica de hacer política para ganar elecciones, sin pensar en proyectos que garanticen el derecho a la felicidad de los ciudadanos.

A diferencia de otras formas de gobernar, la izquierda en el Distrito Federal ha demostrado una visión distinta y, aunque a muchos les cueste trabajo aceptarlo, no se trata de una casualidad que hoy la ciudad de México tenga más de 400 programas sociales que buscan reducir la pobreza, hemos apostado a la educación, desarrollado toda una infraestructura urbana, tenemos los instrumentos legales para impulsar la participación ciudadana y somos una de las entidades con menor índice de inseguridad.

La felicidad no es un sentimiento, es un estado asociado a un modo de vida; es encauzar las políticas hacia el bienestar de la población. Y esa tarea la está construyendo la izquierda en la ciudad de México. Estamos conscientes que falta mucho por hacer, aún hay que trabajar en acciones que mejoren la calidad de vida de los capitalinos, pero creo que vamos por buen camino.

Hay diversas escuelas filosóficas que estudian el tema de la felicidad y numerosos estudios que plantean que la economía y la política tienen que estar orientadas hacia la felicidad de las personas, donde debe priorizarse la equidad, la familia, la salud pública, el empleo, vivienda, educación y la seguridad para que la gente viva tranquila,
atienda sus necesidades y no sufra angustia e incertidumbre.

Es tal la preocupación porque los ciudadanos tengan garantizado su derecho a la felicidad que en octubre de 2010 se organizó en Madrid el Primer Congreso Internacional de la Felicidad. Ahí se comentó el caso de Bután, un país de dos millones de habitantes ubicado en Los Himalayas, donde en vez de medir el Producto Interno Bruto (PIB) se toma medición de la Felicidad Bruta Interna (FBN), donde se evalúa en la población los siguientes factores: bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, vitalidad de la comunidad y diversidad ecológica.

También hay otros ejemplos internacionales como Francia y Ecuador que incorporaron en sus Constituciones el concepto de felicidad. El artículo 24 de la Constitución Mexicana de 1814, inspirada por Morelos, decía que “la felicidad del pueblo y de cada uno de los ciudadanos consiste en el goce de la igualdad, seguridad, propiedad y libertad”.

Hoy los políticos debemos evolucionar la forma de hacer política, convertir en el centro de nuestras decisiones lo que diga la gente y sustituir la improvisación y la reacción, por una planeación a corto y mediano plazo. Creo que todos, los de izquierda, centro y derecha buscamos lo mismo: mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. La
fórmula está en el cómo, más allá de pasiones políticas y lograr que la población se sienta satisfecha con lo que hacen sus gobernantes por ellos.

Los diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal hemos contribuído a ese fin, pues hemos aprobado leyes de avanzada que buscan, precisamente, garantizar el derecho a la felicidad.

Hay muchos ejemplos que podría enumerar en este espacio:

Impulsamos acciones para combatir la violencia hacia las mujeres, buscamos garantizar el pago de las pensiones alimenticias, hay un reconocimiento a los matrimonios entre personas del mismo sexo, tenemos una Ley de Participación Ciudadana, estamos tomando medidas ante el cambio climático, apoyamos con becas a los jóvenes y trabajamos el tema de las adicciones.

Por eso, insisto, el tema de la felicidad no forma parte de un discurso político más, sino debe ser un derecho para los ciudadanos y, en esa tarea, debemos involucrarnos todos más.

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

Comentar