Juventud vulnerable

Juventud vulnerable

¿Cómo cambiar una realidad? El 12 de agosto fue el Día Internacional de la Juventud, etapa de la vida que muchos idealizamos, porque es el momento en que queremos explorar el mundo, conocer, soñar, aspirar. Pero nos ubicamos en el México real y nuestros jóvenes se encuentran en una etapa de alta vulnerabilidad.

Las y los jóvenes son un sector al que tenemos que darle opciones, garantías de que podrán alcanzar lo que ellos quieran, para lo que trabajen.

No podemos aceptar como una fatalidad que las puertas se cerraron, que no hay escuela, que no hay trabajo, que no hay oportunidades, porque los orillamos a la peor de nuestras pesadillas.

En la ciudad de México, la población es mayoritariamente joven, por eso es importante planear y tomar acciones que impacten directamente en su desarrollo. No podemos negar que hay un empeño a nivel local para impulsar medidas.

Desde la Asamblea Legislativa del Distrito Federal se firmaron convenios con la UNAM para ofrecer educación a distancia y con universidades privadas para abrir espacios a nivel licenciatura y bachillerato para desplegar un abanico de opciones; desde el Gobierno del Distrito Federal el programa Prepa Sí, les ofrece una beca que ha permitido que 120 mil jóvenes continúen sus estudios, porque a partir de la aplicación de este programa se ha reducido la deserción escolar.

Con medidas como ésta, se trata de crear una red de protección para las y los jóvenes, para sus familias y también para la sociedad. Es muy preocupante lo que sucede en el mundo y lo que sucede en México porque las políticas gubernamentales no le dan respuesta a la gente en sus demandas.

Vemos jóvenes españoles plantados en las plazas exigiéndole al gobierno políticas públicas para ellos, también están los jóvenes chilenos que se enfrentan a la policía por una educación pública, gratuita y de calidad. Mientras las y los jóvenes mexicanos son rechazados de las instituciones públicas media y superior, las calles de la ciudad de México son eco de su demanda.

A los rechazados como se les llama, no los enfrenta a golpes una fuerza policiaca, sino el silencio de años y años de desatención de gobiernos que le han dado nula importancia a la educación.

Pero todos sabemos que el riesgo de que las cosas continúen por ese camino, es la delincuencia.

Gobernantes, legisladores, sociedad en general debemos juntos abrir esa puerta para la juventud, porque para algunos ingresar al crimen organizado se ha convertido en una opción.

De acuerdo con cifras oficiales nos dicen que cada 24 horas son encarcelados en México en el Consejo de Menores Infractores, 85 adolescentes; 54% de los menores infractores en la ciudad de México proviene de un sector de alta o muy alta marginación y 45% de los infractores desertó de la escuela, nos informa la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).

Presento estos datos porque estamos frente a una ecuación con variables definidas y previsibles para su solución.

Hemos leído y escuchado muchos relatos sobre la forma en que jóvenes de todo el territorio nacional se enganchan a grupos y bandas de la delincuencia organizada, en la ciudad de México se registró un incremento en el número de denuncias por puntos donde se vende droga, estamos hablando que de 2009 a 2010 se triplicó el número.

El año pasada fueron detenidos 10 mil 780 personas dedicadas al narcomenudeo.

En la última década, el Distrito Federal redujo casi a la mitad el rezago educativo, de 20.9% a 11%; porcentajes por encima de los registrados a nivel nacional, pues de 37% se mantiene en 23%.

Sin embargo, como país no nos preparamos para el bono demográfico, se atendió la necesidad de cubrir la educación básica, pero se descuidó la demanda que vendría con los años de educación media y superior.

Como muchos mexicanos, estoy convencida que la educación y empleo tienen un efecto transversal en la nación en términos económicos, políticos y sociales.

Por eso creo que nuestra apuesta debe ser la generación de empleos y el apoyo absoluto a la educación.

El proyecto económico de México ha favorecido la polarización social, los ricos muy ricos y los pobres que viven en condiciones de marginación extrema; la ciudad repite este patrón y tenemos una zona poniente muy pudiente, que en nada se parece al oriente, que más bien nos recuerda a otro país.

Recalco esta situación porque si bien en el Distrito Federal tenemos programas sociales para mejorar las oportunidades de desarrollo de las familias y los individuos, no es suficiente. Todos tenemos que aportar.

Yo insistiré en que si logramos integrar cinco polos de desarrollo en la ciudad, que favorezcan la instalación de empresas, escuelas, definir la vocación para el desarrollo de la ciudad, capacitar a la gente para el empleo que se requiere, vamos a cambiar su realidad.

La educación y el empleo nos integrarán como sociedad, nos permitirán cambiar el rostro que está marcando a nuestro país, tenemos que cambiar las prioridades para modificar esta realidad que no nos gusta.

Columna en El Universal

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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