La ciudad que cambio con los sismos

La ciudad que cambio con los sismos

Quienes vivíamos en el DF en 1985 tenemos recuerdos particulares de lo que fueron los sismos, el impacto que causó en cada uno de nosotros, pero también los cambios que provocó en la ciudad, porque no volvió a ser la misma.

Era jueves y a las 7:19 de la mañana, el terremoto que sacudió a la capital del país derrumbó edificios, escuelas, oficinas, paralizó a la metrópoli. Por un lado evidenció la ineficiencia de un gobierno para atender la demanda ciudadana, pero también mostró el mejor rostro de los seres humanos, la solidaridad.

Sirenas, ambulancias, patrullas, escombros, desconcierto, abandono, miedo, todo era una mezcla, un evento cargado de temores y sentimientos.

En las primeras horas nadie tenía clara la dimensión de la tragedia, las autoridades en ese entonces del Departamento del DF estaban nulificadas, el entonces Presidente de la República tuvo que tomar el control de la situación a través de las dependencias federales como era la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de la Defensa Nacional.

Ante el desconcierto y la parálisis gubernamental fue el apoyo de la población el que removió escombros e inició el rescate de personas y después de cuerpos atrapados. A nadie se le olvida que las manos de médicos, estudiantes, trabajadores, fueron las que brindaban la ayuda.

La gente con un sentido de generosidad estableció mecanismos de rescate, pero también fue muy rápida la forma en que los mexicanos del resto del país empezaron a mandar ayuda, hubo muestras de solidaridad tan conmovedoras como las de los refugiados guatemaltecos que en medio de su dura situación estaban dispuestos a dar lo poco que tenían. Gobiernos y ciudadanos extranjeros ofrecieron una ayuda antes que el gobierno mexicano tuviera claridad si la necesitaba.

Fue una tragedia que sacó lo mejor de las personas, que movilizó a una población, sacudió no sólo el suelo del Distrito Federal, sino las estructuras de representación y el diálogo entre las autoridades y los ciudadanos.

Con los sismos de 1985 se gestó un movimiento urbano, que ya no era posible detener. La organización y reclamo que se había presentado después de los movimientos estudiantiles de 68 y 71, tomó un giro interesante.

Fue la gente la que obligó a que desde la Presidencia de la República se reconociera el cambio y la necesidad de nuevas formas de vincularse con la población. Así vino la reforma que dio paso a la creación de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal.

Los capitalinos requerían una verdadera representación, el titular del Departamento del Distrito Federal era designado por el Presidente de la República y en esa condición también estaba cada uno de los 16 delegados.

El empuje de la población orilló a cambiar, el sistema político mexicano sufrió una sacudida a raíz de los sismos y eso fue por empuje de la gente.

El concepto de ciudadano en el Distrito Federal tomó otra dimensión para todos; pero no fue lo único que cambio, hizo repensar la forma en que debería de crecer la ciudad.

Se asumió que el suelo de la ciudad de México tenía sus características peculiares, además de ser una zona sísmica, ambas circunstancias debían tomarse en cuenta cuando se quisiera edificar cualquier construcción.

Los edificios en la ciudad empezaron a utilizar materiales más ligeros, las construcciones empezaron a delimitarse y poco a poco los programas de desarrollo urbano de cada delegación permiten tener un crecimiento más controlado.

En materia de protección civil, todos tuvimos que aprender a tomar medidas, desde las autoridades hasta la población. Se instrumentó el sistema de alerta sísmica que entró en operación en 1987 y se ha convertido en un instrumento real para que la gente pueda tomar medidas para resguardarse o evacuar instalaciones.

El sistema de alerta se ha extendido y cada vez más zonas en la capital están perfectamente comunicadas para poder tomar las precauciones.

También evolucionó en todo el país el sistema de protección civil, México ha dado ejemplo al mundo sobre las acciones de prevención que se tienen ante desastres. Realmente hemos aprendido de los acontecimientos.

Nadie está exento de que se presenten imponderables, estamos hablando de fenómenos naturales, pero si podemos tomar medidas de prevención y trabajar para tener capacidad de respuesta ante la demanda de la gente. Lo que no puede ocurrirnos es dejar que la suerte o la fortuna determinen las consecuencias de los eventos.

La ciudad cambió los sismos, los capitalinos cambiamos después de 1985.

Columna en El Universal

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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