Las calles son nuestras

Las calles son nuestras

La celebración del Maratón Internacional de la Ciudad de México el pasado domingo, además de ser un evento deportivo, tiene un mensaje social muy importante después de los eventos de Monterrey, que las calles son nuestras, no son de los delincuentes.

Que más de 20 mil competidores se dieran cita para correr por las calles del Distrito Federal y otros miles estuvieran acompañándolos con muestras de apoyo a lo largo de 42 kilómetros nos habla de una sociedad que no tiene miedo, que no se resigna, porque a pesar del momento difícil por el que atraviesa el país, somos muchos más los que queremos salir adelante y sacar a México de difícil trance.

Lo que ocurrió en Monterrey nos estremeció a todos los mexicanos, pero viene a ser la suma de muchos eventos que se han registrado a lo largo del país en los últimos años; sin embargo autoridades y sociedad debemos de contribuir ante esta situación.

Primero que nada como Distrito Federal debemos de mantenernos como una ciudad que represente un punto de seguridad para la población, sea capitalina o no, pero que se sientan seguros; lo segundo es poder ser parte de una sociedad que cuestiona, que se siente agredida pero que no se encierra a piedra y lodo para protegerse.

El maratón ayuda a imprimir un ambiente festivo a la ciudad, a pesar del frío y la lluvia que se sentía al inicio de la carrera la gente esta ahí con globos y pañuelos, gritando al paso de sus amigos y familiares para que no se rindan en el esfuerzo. De eso se trata, de no rendirnos.

Como sociedad nos toca hacer muchas cosas primero ocupar los espacios públicos, las calles y parques; exigirle a la autoridad la recuperación de los mismos para que todos niños, jóvenes, adultos puedan utilizarnos como áreas de esparcimiento y deporte.

Tenemos que hacer un esfuerzo para que las y los niños y jóvenes que están cerca de nosotros no dejen de estudiar, hay que construir y buscar alternativas, porque de lo contrario son presa fácil para la delincuencia que siempre requiere gente para sus fines.

No podemos voltear la cara al problema de las adicciones que están en nuestro entorno, no nos acostumbremos a que ver que nuestro vecino, nuestros hijos, los jóvenes de la cuadra se drogan con lo que encuentran o lo que pueden adquirir. Hay opciones institucionales, pero también de organizaciones no gubernamentales que pueden ayudar y que saben como tratar este problema.

Que nuestro espacio familiar no sirva para la venta de drogas o la comisión de delitos, no contribuyamos a la ilegalidad y fomentemos la delincuencia; con educación y valores tenemos que educar a los nuestros.

La pobreza y la falta de oportunidades no deben ser una excusa para tolerar esta situación; siempre hay un camino diferente por el que se puede optar y nosotros desde la casa debemos inculcarlo, no tolerarlo.

Lo último que podemos hacer es acostumbrarnos a ver en las noticias el recuento de los muertos, la forma en que el crimen y la delincuencia organizada utilicen a niños y jóvenes para sus actividades.

Atentar contra la población civil ya no es una cuestión que se piense dos veces, primero vimos como estallaron las granadas en la plaza de Morelia ahora testificamos la forma en que incendiaron un casa de juegos con trabajadores y personas que se encontraban en el lugar, sin escrúpulos.

Por eso es importante no ser incongruente con nuestra forma de ser, exijamos a la autoridad lo que le corresponde, que es mucho y cada uno desde nuestro espacio respetemos nuestras reglas de convivencia.

A la autoridad le debemos recordar y demandar que cumpla con su principal obligación que es resguardar nuestra seguridad.
Esa es la responsabilidad de quien ocupe los cargos como presidentes municipales o jefes delegacionales, gobernadores o jefe de gobierno, el Presidente.

La autoridad también debe reconocer que las acciones no están correspondiendo a la magnitud de los ataques y no me refiero sólo al despliegue de fuerzas federales, sino de inteligencia. Para tratar de resolver un problema de seguridad se requiere que los órganos de inteligencia cumplan su papel, tracen estrategias y los resultados no sean sólo números asilados, sino que se refleje en la calidad de vida de la gente.

Ahora cada vez más gente de diversos estados viene a vacacionar o a pasear a la Ciudad de México, nos da gusto que se sientan más seguros aquí; pero queremos sentirnos seguros en todo el país.

Por eso vuelvo a la idea inicial, cada uno de nosotros, desde el ámbito que nos toca debe cuidar la ciudad y garantizar que el Distrito Federal seguirá siendo de todos, porque no tiene dueño.

Así que repitamos nuestros ejercicios ciudadanos, corramos en el maratón o hagamos lo que nos guste porque tenemos que recuperar el tejido social.

Columna en El Universal

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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