Quince años de derechos, quince años de la izquierda

Quince años de derechos, quince años de la izquierda

HACE YA 15 AÑOS que el derecho de los capitalinos a elegir a su Jefe de Gobierno, permitió que se concretara una de las luchas más justas protagonizada por los habitantes de la Ciudad de México y por la izquierda. Desde aquel agosto de 1996, en el Partido de la Revolución Democrática asumimos el reto de convencer a los capitalinos que somos la mejor alternativa para gobernar y legislar en beneficio suyo. A lo largo de estos años, ha quedado demostrado que el nuestro es un proyecto político y social de izquierda, progresista y de vanguardia.

La celebración por estos 15 años de derechos electorales en el Distrito Federal me lleva a reflexionar acerca de los profundos cambios en la vida de los capitalinos, y la mía propia, que ha sido tocada por este proyecto. ¿En dónde estábamos hace 15 años?

¿Cómo hemos cambiado? Desde mi punto de vista, la izquierda en nuestro país ha tenido que abrirse paso ante el acontecer interna­cional, y las consecuencias que éste ha tenido en Méxi­co. Nuestro país, siguiendo una ola de cambios y refor­mas que le dio la vuelta al mundo, optó por el rumbo de la aper­tura comercial, las privatizaciones y la bienvenida al dinero de los privados.

Es aquí precisamente, donde veo la conformación de un rumbo diferente para la Ciudad de México. Con las tres cuartas partes de la población en el umbral de la pobreza, con servicios públicos deficientes y con rezagos ur­banos acumulados, con inseguridad y crecientes niveles de delincuencia. Así identificaba la prensa a la ciudad hace más de 15 años. Sin embargo, la posibilidad del voto de los capitalinos, representó el primer paso hacia la di­ferencia.

Como un primer corte, diría que en estos 15 años, hemos aprendido que la democracia por sí sola no basta. Ele­gir universal y libremente a nuestros representantes es un avance, pero no es condición para que también exista la justicia. La justicia social requiere de tres elementos: libertad política, independencia económica y equidad social.

Ante una tradición política de op­tar por lo individual, las soluciones colectivas para los grandes problemas nacionales, parecían contradecir toda viabilidad política. No obstante, des­de 1988, la izquierda ha sido el primer impulsor de la democracia, entendi­da en su significado más amplio, con equidad, con acceso a oportunidades, con justicia. En sus manos quedó la representación de las voces de las cau­sas sociales, en un momento en el que parecía que en nuestro país el acuerdo y el diálogo se habían agotado.

En el Distrito Federal hemos aprendido el valor del diálogo; los ciudadanos de esta capital esperamos apertura en la toma de decisiones; sa­bemos que alcanzar el acuerdo cuando existe la diferencia política es difícil, pero por eso lo valoramos.

Desde hace mucho tiempo, he considerado que un buen represen­tante popular es aquel que en su desempeño logra reflejar verdadera­mente el sentir ciudadano. Una de las grandes diferencias entre los sistemas de izquierda y de derecha, es la manera en la que distribuyen la riqueza. Así, mientras que la derecha de nues­tro país le apostaba a la clase empresa­rial, otorgándole beneficios, las clases más bajas, los grupos vulnerables, las mujeres trabajadoras, los campesinos, los obreros, entre otros, tenían ahora que competir para sobrevivir.

La izquierda en esta ciudad dirigió sus esfuerzos hacia la defensa de la igual­dad y la equidad. Se propuso como ob­jetivo que la distancia entre los ciudada­nos y el gobierno no siga creciendo; que las diferencias entre las clases sociales no signifiquen diferencias en la calidad de vida. En 15 años se ha construido el sis­tema de Protección Social más amplio y profundo de toda América Latina.

Hoy, por ejemplo, en el Distrito Fe­deral contamos con un Programa de De­rechos Humanos respaldado en nuestro marco jurídico que hace de su existencia y cumplimiento, una obligación. Los dere­chos de las personas no son un discurso o un renglón más entre los requisitos de una acción de gobierno. El valor y la dignidad humana son el punto de partida y la meta final que persiguen todas las políticas que se llevan a cabo en nuestra ciudad.

Caso especial es el de las mujeres capi­talinas. En palabras de Norberto Bobbio, el desarrollo de una sociedad se puede me­dir en el grado de avance de sus mujeres. En nuestra ciudad las mujeres cuentan con el mayor catálogo de derechos respecto a cualquier otro país.

Las mujeres, por mucho, son el grupo que ha sido descuidado, ignorado o discri­minado. No es de extrañar, por lo tanto, que los movimientos feministas hayan en­contrado cabida en el seno de la izquierda. Yes que no es un asunto menor. A nivel nacional, el número de hogares dirigidos por mujeres es de casi 7 millones, y uno de cada 10 está en el Distrito Federal. En años recientes, en la Ciudad de México han habido numerosas y sustanciales re­formas que protegen y promueven los de­rechos de las mujeres además de garantizar jurídicamente que los abusos y el maltrato que reciben en su casa o el trabajo, no se repita en las instancias oficiales. La ley las protege porque las conoce y las toma en cuenta.

Uno de los más grandes logros a favor de las mujeres de esta ciudad ha sido la Interrupción legal del embarazo. En nues­tro país el aborto es legal en determinadas circunstancias. Sin embargo, en muchas ocasiones, las mujeres se ven obligadas a practicarse un aborto en la clandestini­dad. La mayoría pone en riesgo su salud o hasta su vida porque carece de los recursos y de la atención adecuada.

Hasta febrero del año pasado, una dé­cada después de que el PAN obtuviera la Presidencia de la República, 169 mujeres estaban presas bajo el delito de homici­dio al haberse comprobado que se habían practicado un aborto, 130 de ellas en Guanajuato, donde la sanción corporal alcanza los 35 años de prisión.

En nuestra ciudad la Interrupción Le­gal del Embarazo se convirtió en una realidad el 24 de abril del 2007. Y desde entonces, las acciones a favor de la promo­ción de este derecho de las mujeres se ha replicado en otros rincones del país. El 3 de diciembre de 2009, el Congreso de Ve­racruz modificó el artículo 150 del Códi­go Penal para eliminar la pena de cárcel a mujeres que se provoquen o consientan la práctica del legrado, y fijó como sanción el tratamiento en libertad consistente en medidas de asistencia médica y educativa.

Esta medida iniciada en el Distrito Fe­deral, no sólo va en congruencia con las recomendaciones y tendencias internacio­nales sino que brinda una opción segura y gratuita a las mujeres con embarazos no deseados, evitando que sea responsable de actos u omisiones de otros, que pondrían en riesgo su acceso al ejercicio de los dere­chos humanos de las mujeres.

Otro claro ejemplo de estas acciones son los programas y proyectos a favor de los jóvenes, como son las iniciativas que procuran que los capitalinos cuenten con cuantos años de estudio sean posibles, para hacer frente a la competencia en el mer­cado laboral. Los adultos mayores tienen garantizado el derecho a vivir su edad en plenitud, gozando de salud, de protección nutricional, de estabilidad. Las mujeres jefas de familia cuentan con mecanismos que suplen sus carencias y que las arman con herramientas para solventar los gastos propios de un hogar.

No podría dejar de considerar a los tra­bajadores, a los niños, a los discapacitados. En 15 años, el panorama para millones de personas que vivimos en la capital es distinto al que se vive en estados vecinos. Los programas que hoy preciamos y que son motivo de orgullo de más de un capitalino, han sido el resultado de un am­plio diálogo y esfuerzo colectivo liderado por la izquierda, por ello resulta necesario continuar con los esfuerzos de manera responsable, incluyendo los mecanismos de evaluación y seguimiento.

En fechas recientes, a los pro­blemas de empleo, educación y vivienda, se le ha sumado el de la inseguridad. Es realmente lamentable que gran parte de los que viven en este país lo hagan con angustia. Que las cosas más simples y habituales, como el divertirse, hoy sean un gran riesgo.

La reforma que nos otorgó el voto hace 15 años, abrió la puerta para que en nues­tra ciudad eligiéramos la opción que pri­vilegia a la gente, que reconoce la riqueza del pluralismo político, la importancia de la movilización y de la participación ciu­dadana. Optamos por un liderazgo con sentido social, democrático y progresista. Pero sobretodo, considero, el ánimo con el que la izquierda ha trabajado durante este tiempo, desde diversos ámbitos, a fa­vor de las agendas ciudadanas y sociales, ha hecho la diferencia.

En la Ciudad de México, como en pocos lugares del país, el ejercicio de los derechos es cabal. En la ciudad están permitidos los matrimonios libres, se puede amar a quien quiera; amar no está ignorado por la ley, ni sancionado moralmente. Es lamentable que aún haya lugares en nuestro país que juzguen a las personas por el idioma que hablan, por los años de educación que no tie­nen por el aspecto, religión u ori­gen, que no permitan que niñas violadas decidan sobre su futuro y tengan que vivir una nueva expe­riencia de violencia social.

El Distrito Federal, que se consideraba hasta 1996 una de las ciudades más inseguras, ahora es considerada por muchos como una de las ciudades con menos violencia en el país.

Como capital nos complace ofrecer al mundo una buena imagen de nuestro país. Ante un panorama con pocas esperanzas para las minorías, la Ciudad de México ha respon­dido con leyes nuevas para todos, con leyes de vanguardia. En anteriores ocasiones, en vista de los acontecimientos que sucedieron en fechas recientes en España, Grecia, Chi­le, Israel, he mencionado que no esperemos a tener nuestro movimiento de indignados nacional.

No esperemos a que los políticos tenga­mos una epifanía en la que nos sean reveladas las soluciones para los problemas que aquejan a la ciudadanía. La solución está en la gen­te. Una de las características más importantes de la izquierda ha sido la capacidad y la voluntad para innovar, para diferenciarse de las opciones que ignoran el sentir de la so­ciedad, que no escu­chan, que reprimen, que discriminan, que imponen.

En México, afor­tunadamente, las di­versas corrientes de la izquierda hemos con­tado con esa capaci­dad de identificación y vinculación con las causas sociales. Por encima de todo, la izquierda capitalina se ha distinguido por ser un motor de cambio po­lítico, económico y social. Desde finales de la década de los ochenta la izquierda en México recuperó las inconformidades de buena parte de la sociedad y convirtió esas demandas en programas de gobierno, que aún hoy rigen el actuar de los partidos políticos que comparti­mos la visión de izquierda.

No se trata de una casualidad, se trata de una visión y una forma diferente de hacer go­bierno que nos hace hoy ser la ciudad con la política social más seria de Latinoamérica con más de 400 programas sociales que han permi­tido reducir la pobreza a menos de la tercera parte de nuestra población.

En estos 15 años, la labor de la izquier­da, la nuestra, ha sido la de la lucha por los derechos, por lo que consideramos jus­to. Las exigencias sociales más profundas continúan vigentes, muchos de ellas son necesidades elementales no atendidas por olvido o desinterés para grupos políticos que ambicionan el poder por el poder mismo. Los que tenemos una formación de izquierda compartimos una perspecti­va distinta. La cercanía con la gente guía nuestro proyecto político y determina el sentido de nuestro trabajo. No se trata, pues, de una reinvención la relación de los diferentes elementos que conforman nues­tra sociedad, se trata, de devolverle el lugar que siempre tuvieron.

De manera que sí, creo que sí hemos cambiado. En la Ciudad de México lleva­mos 15 años trabajando por los derechos más elementales que tenemos las personas. El derecho a la salud, el derecho a la edu­cación, el derecho al empleo, el derecho a la vivienda. Hemos creado los mecanismos para para que la gente tenga condiciones de vida más adecuadas. Pero sobre todo para garantizarle a la gente su derecho a la felicidad.

Columna en La Zurda

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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