Reflexiones del Bicentenario

Reflexiones del Bicentenario

El Bicentenario de la Independencia de México y sus festejos nos dieron un espacio para la reflexión, sobre nuestra mexicanidad, los valores compartidos, los hechos históricos que nos anteceden, pero también sobre el gobierno que tenemos. Hay muchas razones para sentirnos orgullosos de lo que somos, pero otras que nos dejan lejos de lo que aspiramos.

Una de ellas se refiere a los valores que motivaron un movimiento nacional que nos hacen sentir orgullo y nos identifican como mexicanos; en un repaso por la historia sabemos que hay muchos pendientes que a lo largo de 200 años no han sido resueltos.

Tenemos libertad, pero acotada por la pobreza, la falta de oportunidades, la inseguridad; tenemos igualdad, sí ante la ley, pero en la vida cotidiana son notorias las diferencias, nuestro país está divido entre los que apenas tienen para comer y los ricos que pueden distinguirse entre los millonarios del mundo.

La justicia es un valor que perseguimos todos, queremos un país justo, y si bien hay avances tangibles, no hemos alcanzado el nivel deseable.

La disertación filosófica entre el ser y el deber ser nos puede atrapar fácilmente, sin embargo, es necesario que construyamos el país que queremos y trabajemos en ello, como ciudadanos y como autoridades.

De lo contrario nos quedamos en una media que trunca aspiraciones y proyectos, que deja a México sujeto a los vaivenes internacionales, de las luchas intestinas de la clase política y la corrupción que se ha enquistado como una fatalidad en el sistema de gobierno.

La fiesta de la Independencia para los mexicanos era una celebración popular, la gente salía a las calles y a las plazas para festejar, fundirse en los vivas como una sola voz.

Pero desde el incidente de Michoacán, cuando un grupo de la delincuencia organizada lanzó granadas en plena plaza pública, sembraron un miedo que hasta la fecha se cosecha.

La autoridad prefirió contagiar a la población de sus temores, le sugirió quedarse en casa y así evitar cualquier riesgo, porque el país ya no es seguro, se permitió al crimen organizado apropiarse de los espacios que eran de la gente, mientras que los gobernantes se quedaron paralizados y sin respuestas para hacer frente al crimen organizado.

La fiesta popular se convirtió en un festejo privado para unos cuantos, en un despliegue de oropel que costó 3 mil millones de pesos solo para el lucimiento, sin tener tras de sí un significado histórico que cimbrara a los mexicanos por lo que somos, por el valor del pasado y las ganas de convertir a nuestro país en una gran nación.

Son 200 años de la Independencia de México, eso es mucho que nos debería hacer enchinar la piel de satisfacción porque nuestras raíces se han arraigado con los valores más nobles.

Pero si hablamos de valores, hay una capital que ha dilapidado el gobierno federal, sobre todo si hablamos de la diplomacia mexicana, que tenía un reconocimiento internacional por su contundencia en la no intervención y el papel de facilitador en la solución de los conflictos.

Ahora la diplomacia está ausente, a tal grado que las festividades del Bicentenario de la Independencia de México no figuraron en la agenda de los jefes de Estado.

Se debe agradecer la presencia de los presidentes de la República Árabe Saharaui Democrática, Mohamed Abdelaziz; el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos; el presidente de Guatemala, Álvaro Colom Caballeros. Algunos países enviaron a su vicepresidente o primer ministro, gobernadores, pero hasta ahí.

¿Por qué nadie quiso venir a los festejos?

Faltó a caso el cabildeo internacional para involucrar a presidentes y jefes de Estado en esta celebración o nuestra política exterior es inexistente y no tenía vínculos para hacer notar la relevancia del evento.

Son múltiples los factores que deben entrar en esta reflexión, porque no podemos sumarnos a una celebración forzada, alimentada de miedos y con un saldo desastroso.

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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