Salario súper mínimo

Salario súper mínimo

Lejos quedaron los años en que el salario mínimo se asociaba con una condición de suficiencia para atender las necesidades básicas del trabajador, siguiendo el espíritu de bienestar social establecido por el Constituyente de 1917 en el artículo 123.
En las últimas tres décadas el país ha atestiguado cómo el salario mínimo ha ido perdiendo capacidad de consumo en detrimento del nivel de vida y bienestar de las trabajadoras y trabajadores, y sus respectivas familias. La depreciación acumulada es cercana al 74%.

El último incrementó del salario mínimo fue de poco más de dos pesos diarios, lo que materialmente representó una burla para los asalariados, si se contrasta el monto de su retribución laboral con el precio de los productos de la canasta básica.

Con todo y ese aumento, en el área geográfica “A” el salario mínimo asciende a 67.29 pesos diarios y, en la B, a 63.77. En contraste, de acuerdo con los precios registrados por la Procuraduría Federal del Consumidor, hay productos de la canasta básica que por sí mismos tienen un costo mayor a ese monto, como la carne de pollo que llega hasta los 70 pesos o la de res, tasada en 92 pesos.

Esto quiere decir que estos productos simple y sencillamente son inaccesibles para cerca de siete millones de personas que actualmente sobreviven con un salario mínimo.

Se dice que un incremento salarial puede distorsionar el mercado laboral, si no se acompaña de mayor productividad, por lo que debe buscarse un equilibrio entre ambos. O bien, que la fijación del salario mínimo debe atender a las necesidades del trabajador, a las posibilidades del patrón y a las condiciones económicas del país.

Pero precisamente tal vez ése sea uno de los principales problemas. La desigualdad de tratamiento que se da a la renta del capital y el asignado a la fuerza de trabajo. El desequilibrio en la retribución para uno y otro.

En las últimas décadas nuestro país ha recurrido a la contención salarial como medida para afrontar las crisis económicas. Lo cual parecería razonable, si no fuera porque sus consecuencias degradantes han tenido mayor incidencia en el nivel de vida de los asalariados y sus familias, que el experimentado por los dueños del capital y directivos de las empresas.

Algunos informes, estudios y publicaciones de organismos internacionales como la OIT, la CEPAL, la OCDE y el Banco Mundial, han referido a las condiciones salariales de nuestro país. En esencia, destaca el rezago, la desigualdad, e insuficiencia del salario.

La problemática está demostrada y demanda atención inmediata. No en vano el Programa Sectorial de Trabajo y Previsión Social 2013-2018, contenido en el Plan Nacional de Desarrollo vigente, contempla como meta prioritaria mejorar el poder adquisitivo del salario mínimo. Si bien una medida de esta naturaleza requiere análisis de impacto económico, lo más importante es el compromiso del gobierno lederal y de los Legisladores para dar un cambio radical a las políticas laborales del país.

Hay que contener la caída del poder adquisitivo salarial y, posteriormente, iniciar una fase de recuperación que eventualmente contribuya a combatir la pobreza, disminuir la desigualdad y paliar el descontento social.

No se trata de que los trabajadores ganen mucho, pero sí que su salario les alcance al menos para sufragar sus necesidades fundamentales. Dadas las condiciones actuales, un incremento salarial, cualquiera que sea su monto, sólo representaría un actuar responsable del Estado y un acto de justicia social.

Senadora de la República por el PRD

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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