Mi País

Para poder entender por qué quise ser Senadora de la República, solo hace falta recordar lo dicho por la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, sobre el origen y la trascendencia de nuestra participación en espacios políticos:

“Si una mujer entra a la política, cambia la mujer, si muchas mujeres entran a la política, cambia la política”.

Ser Senadora de la República ha sido otro de mis grandes sueños cumplidos. Mi labor como diputada local en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal me enseñó que el trabajar para los capitalinos era sólo el primer paso para beneficiar a millones de mexicanas y mexicanos más.

Como diputada local fui parte de dos Legislaturas, las de mayor participación femenina en la historia de la ALDF hasta ese momento, con cerca del 30% de mujeres de los 66 legisladores que la integraban. Sin duda alguna, esto tuvo una repercusión directa en el avance que hubo en materia de derechos femeninos.

Así, las diputadas de la Ciudad de México aseguramos el castigo a quienes golpeaban a las mujeres; a los padres que incumplían con el pago de la pensión alimenticia de sus hijos; garantizamos el acceso gratuito de mastografía a mujeres e impulsamos la equidad salarial frente a la remuneración de sus compañeros, así como la eliminación de pruebas de embarazo como condicionante para tener un empleo y su defensa laboral en caso de estar embarazadas, entre otros beneficios.

Ahora sé, que este mismo respeto a las libertades debe ser replicado en todos los estados de la República, en donde el rezago en materia de derechos de los más desprotegidos sigue siendo una batalla que no podemos perder bajo ninguna circunstancia, porque pierde México.

Trabajar como Senadora de la República sin duda demanda una gran experiencia política, misma con la que cuento. Puedo asegurar que estos dos años como Senadora han sido de intenso trabajo, marcados por el consenso, siempre en bienestar de toda la ciudadanía mexicana, pero también por un importante trabajo de diálogo para que siempre prevalezca el interés social sobre el interés personal.

Ser Senadora de la República y representante de una de las ciudades más importantes del mundo, es un gran compromiso, no sólo como legisladora, sino como la mujer que representa a millones y cuyo desempeño será precedente para las jóvenes mexicanas que comienzan a dar sus primeros pasos en la carrera política.

En México, las mujeres no somos minoría. Somos mayoría y nuestra búsqueda por sólo ser escuchadas evolucionó a formar parte activa en la toma de decisiones y más aún, creando nuevos espacios para contribuir a la construcción de un mejor país.

Es así como yo veo el futuro de México: incluyente, con mujeres y hombres trabajando a la par, con salarios equitativos y justos por el trabajo que desempeñen. Con niñas y niños con los mismo derechos, para empezar, con el de tener un hogar que les proteja. Con una familia libre de violencia y cuya educación para ellas y ellos sea de la más alta calidad, para que en su futuro como jóvenes, libres del riesgo de dejar sus estudios por trabajar, puedan tener las mismas oportunidades cuando se integren al mundo laboral.

Trabajo por un México en donde la corrupción sea duramente castigada y en donde la ciudadanía confíe en las instituciones que fueron hechas para brindarles protección y atención.

Quiero a un país respetuoso de los Derechos Humanos, libre de violencia y delincuencia y en donde la justicia se haga presente sin excepciones.

No creo en imposibles, creo en el trabajo que hace posible que las cosas sucedan, es esa mi vocación y no habrá respiro alguno hasta que el México por el que millones de mexicanas y mexicanos luchamos todos los días sea una realidad.

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.