Conserva mercado laboral desventaja para las mujeres

Conserva mercado laboral desventaja para las mujeres

En la víspera de un 1° de mayo más, pocas razones hay para conmemorar el día internacional del trabajo. Los desfiles que se acompañaban del clásico “gracias señor Presidente” son cosa del pasado y ahora, incluso, se inhiben las celebraciones legítimas en esta fecha.

En los últimos sexenios ha habido un cambio radical en las políticas públicas con un claro sentido de afectación a los derechos laborales y nivel de vida de la clase trabajadora.

A fuerza de ser honestos, el aspecto laboral ha sido una de las debilidades de las administraciones del PAN y PRI. Dan cuenta de ello las cifras alarmantes de desempleo, la constante pérdida de los derechos y prestaciones, así como la imparable caída del valor adquisitivo del salario.

Qué decir de las decisiones políticas desafortunadas y descuidos gubernamentales que han privado de su fuente de empleo a miles de hombres y mujeres, como en los casos de la Compañía de luz y Fuerza del Centro y más recientemente el de Mexicana de Aviación.

De igual modo, el escaso o nulo avance en la atención de temas delicados, como la desigualdad laboral entre géneros o la invisibilización del trabajo que de acuerdo con nuestra tradición patriarcal, está prácticamente reservado a las mujeres. En México se sigue considerando normal y hasta justificado que las tareas relacionadas al cuidado del hogar las realicen sólo las mujeres y se les prepare para ello.

Pese a los compromisos asumidos por nuestro país en materia de derechos humanos y los cambios a las leyes laborales impulsados desde el gobierno federal, la realidad en este sexenio es que el mercado laboral conserva condiciones desventajosas para las mujeres.

Seguimos teniendo menos oportunidades para acceder a un empleo digno y bien remunerado. En el mayor de los casos nuestras prestaciones s son inferiores a las que reciben los hombres. Se nos imponen mayores condicionantes que a aquéllos, y el acoso así como las prácticas discriminatorias son una constante.

Como si una jornada laboral fuera insuficiente, la mayoría de mujeres trabajadoras extienden su faena a la atención de los quehaceres del hogar, con las calamitosas consecuencias que genera tanto en la salud como en la disposición de tiempo libre.

El panorama pinta peor para quienes por costumbre, obligación o voluntariamente se dedican en exclusiva a las labores domésticas. Estas tareas ni siquiera tienen señalada una remuneración base y son ajenas a las prestaciones adicionales básicas, como servicios de seguridad social, vacaciones o aguinaldos.

En los mejores escenarios la mujer debe conformarse con el “gasto” que da el marido o la pareja, administrarlo y hacerlo rendir. En los peores recibe una despensa que no siempre es acorde a las necesidades familiares.

Las tareas hogareñas suelen ser invisibilizadas o minimizadas. Incluso, términos como “ama de casa” u “ocupación el hogar” se asocian a desempleo. Concepción que resulta errónea, pero tampoco se aleja de la realidad debido a que esas actividades no se consideran para efectos fiscales, en la integración del Producto Interno Bruto o formulación de estadísticas sobre empleo.

En el estudio “Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México, 2012”, presentado en marzo pasado por el Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática, se publican dos datos reveladores.

1. La mayor parte de las labores domésticas y de cuidados s en ese año fueron realizadas por mujeres, con el 78.3% del tiempo que los hogares destinaron a estas actividades, que representa asimismo el 76.1% en términos de valor económico.
2. De acuerdo con una estimación, el valor económico del trabajo no remunerado doméstico y de cuidados fue de poco más de 3 billones de pesos.

Esto refleja que el ritmo de incorporación de la mujer al mercado laboral no ha sido correspondido con la participación de los hombres en las tareas domésticas. La predominancia femenina en las tareas del hogar se mantiene en una proporción de 4 a 1, aún en aquellos casos en que la mujer desarrolla actividades extra domésticas.

En cuento al valor económico, es obvio el régimen de explotación al que se somete a las mujeres que se ocupan del hogar. Pese a la importante cantidad de recursos que se estima estas actividades generan, no reciben emolumento alguno.

Este panorama desolador invita a repensar la naturaleza y alcance del trabajo doméstico no remunerado, que dicho sea de paso, no tiene horario, salario ni prestaciones y respecto del cual la renuncia es impensable, salvo casos extremos y excepcionales.

Por supuesto no es algo fácil, pero tampoco imposible. Guardando las debidas proporciones conviene traer a colación el caso de la sentencia de amparo dictada por una Juez de Distrito a finales de enero de este año, cuyos efectos equiparan al trabajo sexual con cualquier otro trabajo, y por tanto, le son inherentes los beneficios previstos en la Ley laboral para los trabajadores no asalariados.

Más allá de compartir el criterio judicial que encierra ese fallo, lo importante es demostrar que un ejercicio de interpretación puede cambiar la forma en que tradicionalmente se entiende un fenómeno sociocultural jurídicamente regulado.

En la parte legislativa, es importante que las agendas de los Congresos Federal y Estatales prioricen transitar de una igualdad formal entre hombres y mujeres a una igualdad sustantiva y eficaz.

Nuestro esfuerzo debe orientarse a erradicar los modelos sociales y culturales de desigualdad de género a partir de la educación, prever medidas para fomentar la paternidad y maternidad responsable, así como las bases para la nivelación de la vida personal y laboral.

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