Emocional, económica, física, sexual y política; las distintas formas de violencia a las mujeres

Emocional, económica, física, sexual y política; las distintas formas de violencia a las mujeres

Las definiciones y la normatividad contra la violencia hacia las mujeres no han sido suficientes para entrar a la raíz del problema y arrancarlo de tajo en nuestra sociedad y nuestra cultura.

En nuestro país conocemos, incluso medimos las distintas formas de violencia hacia las mujeres, hablamos de la física, sexual, emocional, económica, pero las definiciones y la normatividad no han sido lo suficientemente eficaces para entrar a la raíz del problema y arrancarlo de tajo en nuestra sociedad y nuestra cultura.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares de 2011 nos dice que 4 de cada 10 mujeres ha sufrido violencia emocional de parte de sus parejas, las humillan, encierran, amenazan o vigilan. Los porcentajes se manejan por arriba del 42 por ciento, es decir casi la mitad de nuestra población ha enfrentado este tipo de situaciones.

En el terreno de la violencia económica se habla de 2 de cada 10, un 24 por ciento de la población tiene prohibiciones de su pareja para trabajar, estudiar o les quita el dinero. La dependencia económica limita la libertad de decisión y en algunos casos es de sometimiento total que se cruza con otras formas de violencia.

Víctimas de la violencia física han sido 13 de cada 100 mujeres, esto incluye golpes y agresiones con armas. A veces pensamos que las nuevas generaciones con más información a su alcance y una mayor educación ayudarían reducir estos niveles, sin embargo, otros estudios también nos han alertado de cómo crece este tipo de violencia desde el noviazgo; lo cual debería ser un foco de alarma entre la población para enfrentar esta situación, pero no ha sido así.

Cuando se habla de violencia sexual, la Encuesta Nacional destaca que 7 de cada 10 mujeres han sido obligadas por su pareja a tener relaciones o a tener prácticas que ellas no desean. La violencia se vive en silencio. Las mujeres no denuncian por pena, por miedo al agresor, por presión familiar y social, porque no confían en que sea la salida a sus problemas. Por algo la violencia contra las mujeres es la violación a los derechos humanos que involucra a la mayor parte de la población en el mundo, se presenta en cualquier sociedad, sin importar o régimen o situación económica.

En el Senado de la República se aprobaron durante el mes de marzo, tan emblemático para todas las mujeres a nivel mundial, modificaciones a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, para buscar erradicar la violencia de política de género en nuestro país.

La iniciativa fue de la senadora Lucero Saldaña, aprobada en comisiones y en el pleno logró el respaldo de 100 legisladores, se trata de reconocer una realidad en nuestro país, la falta de equidad y de condiciones para lograr una paridad en la representación, así como la serie de obstáculos que limitan el acceso de las mujeres a cargos de elección popular y espacios de poder.

Desde 1997 el Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación emitió una recomendación a los Estados que forman parte, incluido México, denominado Vida Política y Pública para que se adopten medidas que permitan ocupar cargos públicos y eliminar los obstáculos.

La violencia política quedó definida en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia como: las acciones y/o conductas agresivas cometidas por una o varias personas, por si o a través de terceros, que causen daño físico, psicológico, o sexual en contra de una mujer o de varias mujeres y/o de sus familias, en ejercicio de la decisión política para impedir, restringir el ejercicio de su cargo o inducirla a tomar decisiones en contra de su voluntad y/o de la ley.

Pero en nuestro país ha quedado muy claro que no basta con que en la ley se establezca el derecho de las mujeres de votar y ser elegidas para cargos de elección popular. Hay estigmas que limitan los procesos de elección y colocan en desventaja a un género frente a otro.

En el México real, las mujeres que son postuladas a cargos de representación lo primero que enfrentan son la duda y el cuestionamiento de su capacidad, tan sólo por ser mujeres, lo que no sucede con los hombres. La capacidad y el compromiso social no es cuestión de género, sin embargo el escrupuloso proceso de revisión de candidatos debiera de ser tanto para hombres, como para las mujeres, pero no es así.

Al final lo que espera la gente al emitir un voto, es que realmente sea una persona que los represente, en toda la extensión de la palabra. En los Congresos, así como en los espacios de la administración es muy común manejarse con estereotipos, o ; tomar actitudes para menospreciar el trabajo que realizan las mujeres; minar la credibilidad con comentarios sobre la vida privada.

Con esta reforma se señala esas transgresiones que dañan la dignidad de las personas y buscan obtener una ventaja política o electoral; la propuesta también establece que el Instituto Nacional de las Mujeres promueva la formación de liderazgos políticos femeninos, vigile el respeto a los derechos políticos y difunda una cultura de respeto a los derechos humanos del género.

Es importante destacar que el avance en este tipo de temas en el Congreso de la Unión responde a una mayor representación de las mujeres en estos espacios, la presencia es histórica somos el 33 por ciento de la fuerza en el Senado y el 36.8 por ciento en la Cámara de Diputados.

Es fundamental que nuestra presencia se vea reflejada con reformas que contribuyan con políticas públicas, que rompan esquemas a favor de la equidad, de nada servirá que la representación crezca, si no impulsamos los cambios y superamos las estadísticas de la violencia.

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