¿Año nuevo?

¿Año nuevo?

El fin de cada año es una época para reflexionar, evaluar las acciones que hemos realizado, y hacer nuevos planes y generar nuevos proyectos. Sin embargo, el 2014 fue un año lleno de contrastes para los mexicanos, dejando de lado el ánimo festivo por la preocupación que genera la incertidumbre que nos depara este año.

Durante los últimos meses el clima de violencia que se ha vivido a lo largo del país se ha recrudecido, al igual que las condiciones económicas de la gran mayoría de los mexicanos y ninguna de las acciones emprendidas por el gobierno federal han logrado siquiera disminuir los efectos de estos conflictos.

Tan sólo en el último mes hemos visto como una de las principales promesas del gobierno para mejorar nuestro nivel económico, el petróleo, se ha desplomado a prácticamente el 50% de su valor, lo que convierte a la reforma energética en el gran elefante blanco, ya que con la baja en los precios por barril de petróleo, pocos empresas querrán invertir en nuestro país bajo estas condiciones. Además, se genera una enorme contingencia financiera al tener el presupuesto para el próximo año, una expectativa mayor de recaudación por este concepto.

Actualmente el dólar se encuentra por arriba de los 15 pesos por unidad, lo que implica un aumento de casi dos pesos en su nivel de hace un par de meses. Este clima de inestabilidad económica se suma a las baja en las inversiones extranjeras, producto de la delincuencia y corrupción que también se ha incrementado.

Evidentemente la desaparición de los 43 normalistas y la falta de claridad en las investigaciones, suman a esta época un ambiente muy poco festivo.

Estas, entre otras grandes tragedias como las acontecidas en Tlataya, Michoacán y Tamaulipas, se suman al recuento de acciones con las que concluimos el 2014 y son estas mismas acciones las que nos obligan a iniciar el nuevo año con medidas contundentes e inmediatas para remediar esta grave crisis por la que atraviesa nuestro país.

Lo que vivimos es la suma de varios años en las que las instituciones del Estado han servido a intereses particulares y no a los de la sociedad que representa, en donde las demandas ciudadanas han sido olvidadas en aras de las demandas de los grandes capitales.

En 2011 se generó un gran reforma constitucional para reivindicar el respeto a los derechos humanos y establecer límites al Estado frente a sus habitantes, sin embargo, la complicidad de autoridades y delincuencia han rebasado estos límites e ignorado por completo los derechos fundamentales de todos los mexicanos.

Con las grandes reformas estructurales se han ignorado por completo los derechos de las minorías e incluso mayorías, porque pesan más los intereses individuales que los colectivos.

Un nuevo año implica esperanzas y renovación. México requiere urgentemente de ambas. Requiere de la esperanza de los mexicanos para creer que podemos cambiar a nuestro país, que no estamos condenados ni a la pobreza, ni a la delincuencia, ni a la corrupción.

México requiere una renovación social e institucional, requiera de la participación de todas y todos los mexicanos. Ya no podemos esperar que sea el gobierno el que genere la solución a los problemas que enfrenta el país, hoy más que nunca requerimos de la acción social como la medida que permita una verdadera transformación en nuestro país.

Senadora de la República por el PRD.

@Ale_BarralesM

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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