Consentir a los hijos, ¿cuánto es demasiado?

Consentir a los hijos, ¿cuánto es demasiado?

En los últimos años ha crecido la tendencia de complacer o consentir a los hijos en prácticamente todas sus demandas. Las razones pueden ser múltiples y algunas muy válidas; sin embargo, ¿qué mensaje se le da a los hijos?

Aunque el término “consentir” puede entenderse como dar cariño o proteger, en la práctica tiene otro significado: sobreproteger no necesariamente es amar, en realidad estamos maleducando a nuestros seres más importantes.

Como papás, pueden ver la sobreprotección como una muestra extraordinaria de amor que nuestro hijo aprecia, pero sin darnos cuenta en realidad le quitamos la oportunidad de sentirse autónomo e independiente, por lo que más tarde se acostumbrará a no hacerse responsable de sus actos.

Debemos tener en cuenta que las reglas, los límites y las consecuencias ayudan a los niños a predecir su medio ambiente y cuando lo hacen, aumenta su confianza.

Ofrecer todo sin poner límites no es bueno para ellos, ya que les creamos un mundo inexistente, porque al enfrentarse a su realidad las consecuencias pueden ser difíciles de comprender para ellos.

Cuando consentimos, actuamos de manera egoísta, debido a que nuestra principal preocupación es la de ser incapaces de reaccionar adecuadamente si nuestro hijo pasa por una situación difícil. En pocas palabras, es evitarse el trabajo de enseñarle y quitarle la oportunidad de aprender, es pasar por alto, ser permisivo, dar de manera superficial pero no de fondo.

Parte de las consecuencias negativas que tiene de consentir a los hijos es que impedimos que esa pequeña personita madure a nivel afectivo, debido a que está acostumbrada a que piensen por ella y la defiendan, lo que a la larga conduce a que sea irresponsable con las consecuencias de sus actos.

Tolerancia a la frustración

Cuando entregamos absolutamente todo a los hijos estamos impidiendo que ellos forjen su “tolerancia a la frustración”, que no es otra cosa que la capacidad para afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar las molestias o incomodidades que nos causan. Se trata de una actitud y por lo tanto, se puede desarrollar.

La frustración es un sentimiento que aparece cuando no conseguimos lo que queremos o cuando nos suceden situaciones no deseadas. Según la intensidad del sentimiento y nuestras características personales, podemos reaccionar ante ella con enfado, angustia, ansiedad, etc.

En la infancia creemos que todo el mundo gira alrededor nuestro, que lo merecemos todo y en el instante preciso que lo requerimos. No saben esperar porque no tienen desarrollado el concepto del tiempo, ni la empatía suficiente para pensar en los deseos y necesidades de los demás. Es entonces cuando se empieza a aprender a tolerar la frustración, cuando se les ponen límites y se sienten “despojados” de lo que “necesitan” en un determinado instante.

Como niños no tienen las herramientas para eliminar, disminuir o tolerar ese malestar. Sin embargo, si siempre les damos lo que piden, no aprenderán a aguantar la molestia que provoca postergar sus deseos y al llegar a la edad adulta seguirían sintiéndose mal cada vez que se ven obligados a posponer una satisfacción.

Las personas con baja tolerancia a la frustración necesitan eliminar ese malestar inmediatamente, haciendo lo más fácil o lo primero que se les ocurre para conseguirlo. Sólo piensan en el bienestar a muy corto plazo y pasan por alto los resultados a medio y largo plazo. Por eso, ante cualquier frustración por pequeña que sea, restan importancia a sus verdaderos deseos y los supeditan a esa satisfacción inmediata, con la consiguiente desmotivación y abandono de sus metas o proyectos auténticos.

Queremos hijos más felices

Aprender a tolerar la frustración requiere paciencia, algo que no tiene tanto que ver con la necesidad o los tiempos de espera, como con la fortaleza para enfrentar el dolor sin perturbarse emocionalmente. Si no son capaces de tolerar la más mínima molestia, contratiempo o demora en la satisfacción de sus deseos, su vida se llenará de tragedias innecesarias, que los estresarán y los harán sentir insatisfechos.

La tolerancia a la frustración resulta vital para una vida feliz y más que con tiempos de espera, se relaciona con la fortaleza para soportar el dolor sin perturbarnos emocionalmente.

Acerca de 

Licenciada en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona, especializada en Maestría en Medios, Comunicación y Cultura.

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