La corrupción de los gobernadores en México

La corrupción de los gobernadores en México

En 2012 Enrique Peña Nieto, pertenecía a un PRI muy distinto al que había sido desalojado del poder 12 años antes, estaba a un paso de volver a la presidencia después de una dura travesía por el desierto para un partido que lleva la palabra gobernar escrita en su ADN.

Ante las dudas sobre la profundidad del cambio, Peña Nieto respondía como un mantra a la pregunta más repetida por la prensa nacional y extranjera: “Es imposible que vuelva el viejo PRI porque ese PRI ya no existe” decía. Y ponía como ejemplo a un grupo de gobernadores de su propio partido que habían llegado al poder unos meses antes. “El gobernador de Quinta Roo, Beto Borge, de Veracruz, Javier Duarte o el de Chihuahua, Cesar Duarte, son actores de una nueva generación que forma parte de la renovación del partido” dijo poco antes de ganar las elecciones durante una entrevista televisiva.

Cuatro años después, los mandatarios citados por Peña Nieto como ejemplo de ética y juventud, están en busca y captura o tienen problemas con la justicia. El maquillaje del nuevo PRI se desmorona y los gobernadores que debían acompañar la renovación política han reproducido peores prácticas.

En Veracruz, Javier Duarte, de 43 años tuvo que dejar prematuramente el cargo el 12 de octubre y se enfrenta a 53 denuncias distintas que van desde enriquecimiento ilícito a lavado de dinero. La Interpol lo busca en 190 países y hasta sus suegros pueden ser detenidos en cualquier momento en el marco de una operación que incluye el registro de cinco de sus propiedades.

Antes de dejar el cargo, en una desesperada maniobra de última hora, los polémicos gobernadores intentaron blindarse y promovieron reformas legales que les habrían permitido protegerse de investigaciones, pero la propia Procuraduría (PGR) impugnó dichos cambios y fueron invalidados por la Suprema Corte (SCJN).

Tocado por los escándalos propios y ajenos, Peña Nieto ha perdido la iniciativa política y es un boxeador que encara los dos últimos años de su gobierno arrinconado en la esquina del cuadrilátero. La fuga esta semana de Duarte, a la vista de todos, supone uno de los momentos más bochornosos de su gobierno. De cómo encare el desafío que tiene delante, depende gran parte de su legado ético. Los analistas consultados, sin embargo, son escépticos.

Aunque la dirigencia del PRI se ha lanzado en tromba contra los gobernadores corruptos y no ahorra epítetos, durante años se ha mostrado indiferente a las denuncias de la prensa y la opinión pública.

 

A diferencia de la etapa actual, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), 17 gobernadores dejaron sus administraciones estatales por diferentes motivos. Fue el último presidente tlatoani. Con la llegada de Vicente Fox y Felipe Calderón (2000- 2012) la presidencia perdió en los estados la fuerza heredada y esos espacios fueron ocupados por los cárteles y los gobernadores, sostiene Aguayo. “La democracia supone la apertura de espacios y donde había un sistema político cerrado se abren grietas. Esos espacios fueron llenados por gobernadores y otra por el crimen organizado” añade.

El fenómeno sin embargo, no es exclusivo del PRI. Guillermo Padrés, exgobernador de Sonora del principal partido de oposición, Acción Nacional (PAN), está en busca y captura por enriquecimiento ilícito y su partido prepara su expulsión si no se presenta el lunes en la sede del partido

Aguayo no se atreve a hacer pronósticos sobre el costo político de lo que considera la corrupción sistémica de los gobernadores. “Ignoro si el PRI lo va a pagarlos en las urnas, pero quien ya lo está pagando es el país” concluye.

Con información de El País

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