Lactancia ayuda a reducir muerte de bebés

Lactancia ayuda a reducir muerte de bebés

Los seres humanos tienen la leche materna más compleja de todos los mamíferos, y es esa complejidad lo que dificulta a los expertos determinar con exactitud todos los efectos de la lactancia natural para los bebés.

La lactancia materna reduce la tasa de mortalidad entre los bebés y los protege de enfermedades infecciosas, escriben los científicos suizos Thierry Hennet y Lubor Borsig, de la Universidad de Zurich, en un estudio que se publica en la revista Trends in Biochemical Sciences.

La producción de leche comienza en la madre ya en la segunda mitad del embarazo. Es lo que se llama el calostro. Por eso incluso los niños prematuros pueden ser alimentados con leche materna tras su nacimiento.

En las primeras semanas después del parto cada pecho fabrica una media de 450 gramos de leche al día. Después de un año y medio pueden ser aún hasta 200 gramos diarios dependiendo de la intensidad de la lactancia, señalan los expertos.

Sin embargo, en los primeros días después del nacimiento la leche materna no aporta tanto a la alimentación como a poblar el intestino del recién nacido con bacterias.

A lo largo de la lactancia se modifica la composición de la leche y por tanto también la de la flora intestinal -el microbioma-. Hoy se sabe que el microbioma no sólo es fundamental para la salud del intestino, sino para el metabolismo en general y el surgimiento de problemas como el sobrepeso o el asma.

La leche materna apoya además el desarrollo del sistema inmunitario infantil, confirman en detalle Hennet y Borsig.

Inmediatamente después del nacimiento contiene un gran porcentaje de proteínas bioactivas, como anticuerpos, citoquinas, defensinas y lactoferrinas.

Estas frenan el avance de enfermedades y protegen al bebé hasta que su sistema inmunitario empieza a hacerse cargo de su defensa más o menos a partir del mes de vida. La cantidad de anticuerpos que pasa la madre a través de la leche cae entonces drásticamente en un 90 por ciento. También se reduce la variedad de carbohidratos mientras que aumenta la de grasas, lo que favorece el crecimiento del bebé.

A través de la leche no se transmiten sin embargo solamente sustancias protectoras, sino también tóxicas como metales pesados, pesticidas o sustancias con efectos similares a las hormonas que pueden dañar en ciertos casos la salud del lactante.

Con información de La Jornada

Fotografía: Google

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