Dietas “detox”, de depuración o desintoxicación. ¿Mito o realidad?

Dietas “detox”, de depuración o desintoxicación. ¿Mito o realidad?

Llega enero y con él los propósitos de año nuevo entre los que nunca faltan: bajar de peso y hacer (más) ejercicio. Es 2 de enero, o 7 pues hay quien se espera a la rosca de reyes, y todo el mundo quiere “regresar al buen camino” y bajar aquellos kilos que  subieron en diciembre o aquellos con los que incluso llevan varios años encima.

Los gimnasios están llenos desde temprano con gente que quiere “ponerse en forma”, los infomerciales están exclusivamente destinados a productos y aparatos para “mágicamente” perder peso y los consultorios de los nutriólogos están llenos de personas que buscan desesperadamente “la forma rápida, sin pasar hambre y permanente para bajar de peso”.

La vida moderna y ajetreada que hoy todos vivimos propicia que si no somos personas disciplinadas y organizadas dejemos en un segundo plano la planeación de nuestros alimentos y entonces vayamos por la vida improvisando. Unas galletas y un café o un tamal y un atole conforman el desayuno. Una torta o unos tacos de “guisado” la comida y la cena no mejora en calidad pues la mayoría considera que regresa a casa muy tarde y/o muy cansados y lo que quieren es “comer algo rápido e irse a dormir”.

Esta alimentación y la falta de actividad física propician el sobrepeso, razón por la cual no es raro que México desde julio del año pasado sea el 1er lugar en obesidad en el mundo. Ahora bien, si a esto le sumamos el estrés al que la mayoría de la gente que habita en las grandes ciudades está expuesto, da como resultado el desarrollo de gastritis y/o colitis y de aquí el que la mayoría de la población esté desesperada porque se sienten inflamados, pesados, constipados y en algunos casos incluso con dolor en el abdomen.

Esta incomodidad aunada a la inconformidad que en general existe porque la imagen personal no alcanza ni remotamente los estándares de belleza que la sociedad ha marcado como “correctos” o “saludables” aunque no necesariamente lo sean, ha logrado al cabo de los años la creación de una industria millonaria: la industria de las dietas “milagro” entre las que se encuentran los “detox”, como está de moda llamarles.

Los “detox” no sólo prometen una pérdida rápida de peso y terminar con todos los síntomas antes mencionados, sino que como su nombre lo dice, prometen liberar al cuerpo de toxinas, purificándolo y terminando así con todo este malestar. ¿Suena bien no creen, pero es cierto? ¿Es posible que un régimen dietético pueda tener todas estas cualidades y además ser inofensivo para el cuerpo? ¿Realmente podemos sólo siguiendo una de estas dietas parecernos a esa modelo de la portada de la revista? La respuesta es muy sencilla: NO.

El hecho de que año con año, día con día la gente se vea defraudada por dietas como los “detox” no es culpa de ellas, pues no se cuenta en las escuelas con una educación en nutrición y por lo tanto la población no sabe qué, cómo, cuánto ni cuándo comer. Esta falta de información ha traído problemas de salud pública importantes como la obesidad y sus complicaciones (hipertensión, diabetes, accidentes cardiovasculares, hiperlipidemias, esteatosis) y las complicaciones de las mismas (insuficiencia renal, glaucoma) que cada año cobran miles de vidas y cuestan a las empresas y al país mucho dinero.

Es increíble si quiera pensar que tenemos contacto diario con los alimentos y que gran parte de los acontecimientos importantes de nuestras vidas giran en torno a la comida (bodas, bautizos cierres de negocios, etc.) y sin embargo no sabemos nada acerca de ella y de aquí tantos mitos y tanta charlatanería.

Para empezar, si comiéramos correctamente no deberíamos tener sobrepeso, ni el colesterol, los triglicéridos y/o el ácido úrico elevados (a excepción de aquellos casos donde estas condiciones se heredan) o incluso diabetes, pues todas las anteriores se pueden prevenir en gran medida por medio de un estilo de vida saludable, es decir, con una correcta alimentación (aquella que es suficiente, completa, variada e inocua) y ejercicio (al menos 30 minutos 3 veces a la semana).

Ahora bien, expliquemos por qué los “detox” no funcionan:

  1. Porque desde su planteamiento es incorrecto, es decir, al cuerpo no hay que desintoxicarlo, más bien no hay que “intoxicarlo” así que hay que evitar todos los excesos (comida, alcohol, cigarro, desvelos).
  2. Porque provocan una pérdida de peso muy acelerada que en el mejor de los casos sólo provocará que se recupere igual de rápido el mismo o más peso.
  3. Porque son utilizadas como “dietas de emergencia”, es decir, cuando se tiene algún acontecimiento importante (ir a la playa, una boda, etc.) por lo que se realizan varias veces al año. Es importante mencionar que es más dañino para el corazón subir y bajar de peso constantemente (cuando el cambio de peso es significativo) que mantener un peso elevado por determinado tiempo.
  4. Porque son bajas en proteína lo cual da como resultado una gran pérdida de músculo. No hay que olvidar que todos nuestros órganos están constituidos por músculo así que cada que subimos y bajamos drásticamente de peso los vamos debilitando.
  5. Porque no aportan las cantidades mínimas requeridas de vitaminas y/o minerales lo cual puede generar descompensaciones que pueden llevar incluso a la muerte.
  6. Porque aportan tan poca energía que el ejercicio está contraindicado. Si el ejercicio es saludable y la dieta lo prohíbe, la dieta NO es

Me gustaría finalizar con dos reflexiones:

Si la vida nos ha enseñado que no existen logros sin esfuerzo ¿Qué nos hace pensar que esto no aplica a la pérdida de peso? Cada kilo que tenemos en el cuerpo representa 7000 calorías que o no debemos consumir (comer) o debemos “gastar” por medio de cualquier actividad física. ¿Te suena lógico querer bajar en un par de semanas, sin ejercicio, lo que te llevó años subir?

¿Te gustaría llegar a viejo y en qué condiciones? Si tu respuesta es “si y lo más sano posible” ¿Entonces por qué no estás haciendo nada para lograrlo? Llevar un estilo de vida saludable no es cosa difícil y puede asegurarte una vejez sin enfermedades crónico-degenerativas. Sabes, ¡nunca es tarde y hoy es un buen día para empezar, acércate a tu nutriólogo que él está para ayudarte!

Acerca de 

Nutrióloga egresada de la Universidad Iberoamericana; me he desenvuelto en varias empresas del ramo de prestigio internacional además de diversas participaciones en programas de radio y televisión.

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