Régimen de capitalidad para el DF

Régimen de capitalidad para el DF

Uno de los temas torales para este periodo ordinario de sesiones será el relativo a la reforma política del Distrito Federal y el debate se centrará en la manera en la que se habrá de asegurar la interacción entre los distintos ámbitos de gobierno que conviven en la capital.

Esta interacción no es otra cosa que emprender una nueva forma de convivencia a partir del ámbito institucional, pero que resulte en mejores condiciones para la población.

Es indudable que la Ciudad de México tiene una serie de elementos, que por sí solos son complejos. Por ejemplo, es aquí donde se asientan los Poderes de la Unión, secretarías de Estado, embajadas, institutos autónomos y comisiones nacionales; pero al mismo tiempo se generan vínculos que inician desde el ámbito delegacional, hasta el del gobierno local. Por otro lado, es el centro de mayor dinamismo en actividades económicas, comerciales, laborales, académicas y médicas, entre otras.

Esta condición sui generis implica tener la capacidad para responder con eficacia a necesidades derivadas de esos nexos, pero también con orden y armonización institucional, sin que haya vacíos legales que dificulten o entorpezcan su atención. La ciudadanía no espera a ver a quién o a qué autoridad le toca resolver, sino que simplemente se haga y bien. De ahí la necesidad de un régimen de coordinación como un instrumento dinámico, claro y actualizado.

Dicho modelo de organización-coordinación política y administrativa, no sería algo novedoso. De ahí la importancia de contar con experiencias exitosas a nivel internacional, más aun cuando existe evidencia de su funcionalidad; tales son los casos de Buenos Aires, Brasilia, Madrid, París y Washington. Ciudades que comparten esencialmente complejidades que van desde la residencia del gobierno federal en esta entidad, hasta la distribución de competencias entre autoridades locales y delegacionales en temas como vialidades, transporte, agua y seguridad, entre otros.

Ante el panorama que actualmente nos presenta la reforma constitucional para la Ciudad de México, surgirá la necesidad de escuchar a la gente que convive en esta Ciudad, ya que somos muchos quienes debemos expresarnos para atender la complejidad que implica vivir o transitar en la capital. De igual manera, los actores institucionales, públicos y privados, que desarrollan sus actividades en este espacio.

El paso hacia un régimen de capitalidad debe significar el fortalecimiento de las relaciones entre las distintas esferas de gobierno que interactúan cotidianamente en la Ciudad de México, pero también un beneficio para los actores ciudadanos, para mejorar el entorno en que desarrollan sus actividades diarias y en el que conviven.

Es momento oportuno para incluir mecanismos claros de coordinación que definan los ámbitos y formas de participación de las autoridades que conviven en esta entidad: federal, local y delegacional.

El tiempo empieza a ser factor, debido a la naturaleza de los cambios que implica esta reforma constitucional, por ejemplo, en la integración y funciones de las autoridades delegacionales.

Lo anterior, no solamente depende de las modificaciones a la Constitución, sino que para su instrumentación será necesario reformar diversas disposiciones locales, como la Ley Orgánica de la Administración Pública de la Ciudad de México o la legislación electoral. De ahí la importancia de que se logren los consensos y se apruebe la reforma constitucional en los próximos días.

Acerca de 

Presidenta Nacional del Partido de la Revolución Democrática (@PRDMéxico). Ciudadana comprometida con México.

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